Cuentos…
Érase una vez una gran ciudad, tanto que todos sus habitantes se habian sentido solos más de una vez y eso que eran muuuchos, tantos que se les podría comparar con las laboriosas hormigas, caminando en fila, unas detrás de las otras pero sin tan siquiera mirarse, diligentes hacia su trabajo.
Ésta ciudad era conocida en el mundo entero.
Y érase una vez un pequeño pueblo, tan pequeño tan pequeño que cabía en un dedal y donde sus pocos habitantes se preocupaban los unos de los otros, formando una familia aunque no les uniese la sangre.
Donde cuando uno viajaba y volvía al pueblo, contaba su experiencia de una forma tan real que parecía que todos hubiesen partido con él.
Este pueblo era desconocido para todo el mundo menos para sus pobladores.
Pero la ciudad a veces quería ser pequeñita y no sentirse sola nunca más, poder estar cerca de todo, sin distancias superlativas y no le importaba ser famosa por sus bellos edificios.
Y el pueblo a veces quería ser más grande, para que hubiese más gente con la que compartir aquello que había creado, para que todos sus habitantes conociesen en persona lo que es una gran ciudad y para tener fastuosos palacios e importantes teatros.
Un cuento parecido me contaron hace poco, un cuento similar y unos cuantos cuentos más.
Todos somos la ciudad y el pueblo.
Rocío.



