Archivo para Abril 2nd, 2008
Rodando piedras (Parte 5): The Pretty Things
The Pretty Things empezaron su carrera siendo más Rolling Stones que los Rolling Stones y acabaron su época gloriosa adelantándose un año a la ópera-rock Tommy (lo que podíamos describir como ser más Who que los Who) ¿Cómo narices se convierte un grupo de puristas raíces blues en una banda avant-garde con gusto por los arreglos y tono progresivo? No tengo ni idea, pero su historia comienza aquí y ahora. Mr pHarmacist…where the action is!
…que podíamos castellanizar/españolizar como “Señor Farmaceútico ¡allí donde está la acción!”
…o también “Señor Farmaceútico, ¡hasta el infinito y más allá!”
…o “Con ustedes la rana Gustavo, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo!
Si los Pretty Things eran más rollingstonianos que los Rolling Stones y sonaban a lo que Jagger y Richards & Co. habían sonado antes de grabar sus primeros singles, los Rolling Stones sufrieron una mutación musical que les convirtió en una especie de Dioses del Pentagrama horas antes de poner en vinilo su “Come On”. Porque los Pretty Things eran malos tocando. Pero malos con cojones, como el “Grupo Salvaje” de Peckinpah o Darth Vader. Técnicamente aquello era un desastre, pero musicalmente eran destructivamente atractivos. Exploraron la cara más amarga y oscura del blues negro, lejos de las veleidades soul de los Beatles o las ocasionales concesiones al pop y al R&B ligero de unos dulcificados Rolling Stones. Su primer single, “Rosalyn” fue escupido por los Pretty Things hasta el nº 41 de las listas, pero causaron sensación con sus cabellos (¡ahora con largura extra!), sus pintas de desarrapados o desharrapados y su sonido sucio y estridente, que tuvo una influencia enorme en grupos posteriores, tanto de garaje sesentero (ver Odisea del Garaje) como en olas sucesivas en la costa del ROCK (MC5 y los Stooges primero, el punk más guarro de los Sex Pistols después). Vivían todos juntos, a lo comuna proto-hippy, en una casa de Belgravia, el barrio rico de Londres (y éso es ser muy rico), y asustaban a las chavalas cuando volvían a sus casas tras una soirée inolvidable en el club de hípica.
En cierto modo, el rock democratizó durante unos breves meses las estratificadas clases de la Pérfida Albión, ya que el dinero llevó a todos estos bohemios y demás morralla social a estos barrios opulentos. Y los jeques árabes y demás magnates del óleo elemento se tuvieron que fastidiar, porque los Pretty Things tuvieron un segundo éxito con su segundo single, “Don’t Bring Me Down”, tan deliciosamente inepta como su primera canción, pero mucho más exitosa, llegando hasta el número 10. A partir de aquí, fama, dinero y éxitos a cascoporro, destacando, en mi humilde opinión y desde éste que ni siquiera es mi blog, “Midnight To Six Man”, que mostraba un mejor sonido en un tema arrebatador acerca del estilo de vida de los mod (duermo de día, la monto de noche). No fue la única referencia a la cultura mod del grupo, que gustaba de usar los famosos sombreros pork pie hat que gastaban los rude boys jamaicanos (es decir, del East End londinense). Otro aspecto de los mod que incorporaron al grupo fue el tema del reparto de leches, con su batería Viv Prince (una especie de Brian Jones a las baquetas) siendo vapuleado por un boxeador amateur danés.
Además de sus temas de éxito, sacaban buenas cosas y mostraban consistencia en el material llamémosle secundario; me vienen a la memoria “I Want Your Love” y la excelente “L.S.D”, que no trataba de drojas en el colacao (al menos directamente), sino de “Librae, Solidii, Denarii” o “Pounds, Shilling and Pence” o PASTA (dejo el tema de las monedas romanas para La Chica que Salió de la Tarta). Como decían en esta canción, “I say talk is easy, money’s never free”, un poco en la línea del clásico de Berry Gordy y la Motown, “Money” (accidentalmente, los Manfred Mann sacaron por la misma época otro tema sin relación alguna titulado de la misma manera y compartiendo raíces blues, pero sin el doble sentido). Otras para mí imprescindibles son la chulesca “Get The Picture”, “Keep Your Big Mouth Shut” (un equivalente elegante al STFU de la jungla de los foros de nerds anglosajones) y “You Don’t Believe Me”, aparte de algunas locuras plagadas de fuzz o no, todas perpetradas por Phil May y Dick Taylor, su cantante melenudo y su guitarrista barbudo respectivamente (Dick Taylor fue el guitarrista de los primeros Rolling Stones, por cierto).
De pronto, en 1966, dieron un cambio y se pasaron a un sonido más aparatoso, con trompetas, cuerdas y demás parafernalia, para su tercer LP. Hay quien dice que se vendieron al Gran Capital, otros que la orquesta tapaba las deficiencias de un material subitamente popero y de discutible calidad, y hay unos terceros que dicen que el Mágico Víctor pincha aún en la Madalena Lisérgica. Como diría Curtis en su vena más bucólica y pastoril, “hay gente pa’ tó”. Debacle y pecado capital, del que los Pretty Things fueron absueltos gracias a lo que ahora trataremos. Lejos de volver a sus raices, como hicieron los Rolling o Dylan o los Byrds o los Beatles, crearon la primera ópera rock, definida ésta como un conjunto de canciones de corte rock entrelazadas entre ellas musical y argumentalmente (bla, bla, bla…la definición es mía, todos tenemos una). Los Pretty Things llamaron a la suya “S. F. Sorrow” y se adelantaron un año a los Who (estamos ya en 1968), también en el aspecto de no entenderse absolutamente nada de lo que te están contando (narrativa moderna). En lo musical, la ópera cuenta con algunos momentos sublimes, entre el hard-rock y la psicodelia, siendo mi preferida la primera, titulada apropiadamente como “S.F Sorrow Is Born”. Más interesantes son el par de singles que precedieron a la aparición del S. F. Sorrow y que afortunadamente podemos disfrutar ahora como temas extras del CD (o de la correspondiente descarga del emule en algún formato de compresión de dudosa calidad…pero para escucharlo en la mierda del Ipod tampoco importa mucho). Las caras A de los singles fueron “Defecting Grey” y “Talkin’ About The Good Times”, pequeñas gemas de psicodelia británica primeriza a lo Pink Floyd de la época Barrett. A mí me gustan más las caras B, “Mr Evasion” y, sobre todo, “Walking Through My Dreams”, el punto culminante de esta época de los Things. A partir de ahí fueron desapareciendo del mapa, aguantando algo con el siguiente album, “Parachute”, pero sin vender nunca demasiado. La sombra de “Tommy” se hizo pronto muy larga y los Pretty Things bajaron a los infiernos de la mano del Barón Saturday. Todavía andan por ahí. Goodbye, Pork-Pie Hat.
Mr pHarmacist.



