Archive for the ‘Música’ Category
interné dos punto cero
Digo Internet 2020
Un texto que puede ser el futuro visto en una tirada de chips o sólo unas risas. Como aquellos libros tan guays de “Elige tu propia aventura” pero sin mucha elección posible.
A mí, tal y como están las cosas no me parece un ejemplo tan hiperbóloco.
Rocío
Flamenco en la página de ACB
Los foros es lo que tienen. Eso es lo que me ha respondido un amigo cuando le he descubierto una pequeña joya en un sitio donde nunca se me habría ocurrido buscar: el foro de acb.com. Un hilo de 50 páginas (en este momento) sobre flamenco, sus palos, historia, reflexiones, enlaces a videos… Espero que se siga incrementando y que mantenga el nivel de las aportaciones, que en general es muy alto.
Extraigo un par o cuatro preguntas con respuestas cuanto menos curiosas de una entrevista a Manolo Caracol en 1967, aportada por Camarón (forero, no cantaor):
- Manolo, tu confesión empieza. ¿Cuéntame por qué te llamaron, te llaman y te llamas “Caracol”?
-Porque mi padre, cuando chico, estando un día en Cádiz en casa de su tía la “Señá Gabriela”, madre de los “Gallos”, tiró un pelotazo en una olla de caracoles que se estaban guisando. Y como la tía dijo: “¡Sabía que esto iba a pasar, “Caracol”!, de ahí este apellido, que se convirtió en nombre artístico.
¿Cómo definirías el “cante”?
-Pues como don José María Pemán: “El cante es un echar por delante las cosas del corazón.” O como González Hervás: “¡Po no es difisi poder definí lo que e er cante! Es como queré sabé por qué Dios iso d’un güeso a la primera mujé.”
-¿Qué dotes consideras necesarias para ser un “cantaor” de verdad?
-Pues la primera ser hombre, tener corazón, que gusten los toros, el vino y las mujeres y luego poseer una voz con rasgos gitanos. Sin todo eso se podrá cantar, pero mal.
¿Cuál es el pecado que te merece mayor indulgencia?
-El beber demasiado y luego no querer pagar la cuenta.
Y un video de la Piriñaca
edujarto
La Fila de la Desolación (Parte 5): Blood, Sweat And Tears
BLOOD, SWEAT AND TEARS
Harto de estar enconsertado por unos formatos convencionales, Alex Kooper, uno de esos tipos intrigantes que te encuentras de vez en cuando en el mundo del rock, decidió montar una banda de nombre también intrigante: Blood, Sweat & Tears. Kooper (y su ayudante a la guitarra, Steve Katz) tocaban en un grupo llamado The Blues Project. Kooper había empezado tocando la guitarra pero, durante las sesiones para “Like A Rolling Stone”, Dylan, que es una especie de visionario, le dijo que él tocaría el órgano en el disco y así se quedó; tocaría además en el extraordinario “Blonde On Blonde”. Durante dos años estuvo tocando los teclados en la banda del guitarrista Danny Kalb; mientras, Kooper fue creciendo como artista y la banda se le quedó pequeña. Topó con la incomprensión de Kalb a la hora de introducir nuevas ideas, así que Kooper les dejó tirados y pronto se le unió el otro guitarrista de los Project, el tal Katz. Entre los dos fueron reclutando personal para la nueva banda, sin nada más que la promesa de Columbia de grabar las nuevas composiciones de Kooper, que estaba avalado en la casa por sus colaboraciones ya comentadas con Dylan.
Entre los fichajes destacaba Jim Fielder, un tío de la costa oeste que había tocado con Buffalo Springfield y que sabía tocar el bajo de verdad; además, reclutaron una sección de viento, compuesta por trombón, saxo y dos trompetas, que Kooper consideró indispensable para su proyecto y que, a la larga, lastró la viabilidad de la idea, ya que eran ciento y la madre y no sacaban dinero de las giras. Pero hablaremos de eso más tarde.
Durante diciembre de 1967, fueron grabando las composiciones de Kooper, además de una serie de versiones (Tim Buckley, el malogrado padre del también malogrado Jeff Bucley, Randy Newman o Harry Nilsson) y fueron dándoles un toque cada vez más personal. El sonido de ese primer álbum es un buen ejemplo de como una mezcolanza de influencias ya trilladas pueden dar lugar a algo totalmente nuevo sin tener que inventar la penicilina.
El disco se tituló “Child Is Father To The Man” (¿?) y comenzaba con un cuarteto de cuerda interpretando pasajes de las canciones que seguirían a continuación, en un preludio muy similar a las óperas clásicas o a lo que luego haría Townsend con su “Overture” en Tommy. Sólo después de esta obertura encontramos a los auténticos BS&T en “I Love You More Than You’ll Ever Know”, desgarrada balada dedicada a Janis joplin (¿?) que contiene todas las líneas del sonido de Kooper, que se desgañitaba cantando con mala voz pero lleno de pasión; Katz incluía pequeños breaks de guitarra fuzz y pequeños anticipos en forma de arpegio del “I Want You” de los Beatles, mientras el órgano, el bajo y la batería llevaban el peso del ritmo; los instrumentos de viento se iban añadiendo a la canción, aumentando el dramatismo a medida que se acercaba el estribillo. Primer gran triunfo.
Durante la cara A los BS&T van visitando diversos estilos; en “Morning Glory”, iniciado por la sección de viento con un toque jazz, se vuelven suaves, mientras que “My Days Are Numbered”, con un bajo imposible de Fielder, reinventan el soul y las canciones de la Motown. Nada escapa a los BS&T, que después de la tórrida “My Days Are Numbered”, se relajan con un poco de música lounge y bossa-nova en “Without Her” y nos vuelven a emocionar al final de la cara A con la épica “Just One Smile”.
La Cara B me parece más floja, no sólo por las canciones, sino por su orden, que es perfecto en la primera cara. Empiezan bien con el funk-soul incansable de “I Can’t Quit Her” (un anticipo de la decada siguiente), que además contiene una guitarra grabada al revés, al más puro estilo Revolver, pero tropiezan con material más endeble proporcionado por el segundo de a bordo, el guitarrista Katz, que nos ofrece la delicada pieza de psicodelia gitana “Megan’s Gipsy Eyes”, que, aunque es buena, palidece al lado de las emocionantes canciones que la preceden. Kooper vuelve a la carga después con el blues de cabaret nocturno llamado “Somethin’ Goin’ On”, con su órgano abrasador, y sobre todo con “House In The Country” (nada ver con las canciones de los Kinks o de Blur), seguramente la canción más estrafalaria y brillante de todas, cabalgando a toda pastilla por algo cercano al soul, por decir algo; quizá la canción más original de todos. Para acabar el disco, una ida de olla propia de la época, en la que Kooper canta y canta sin estribillo alguno bajo la base del cuarteto de cuerda (y nada más) en “The Modern Adventures Of Plato, Diogenes And Freud”, cuyo título ya nos da idea de la pretenciosidad del tema. Para acabar, un nuevo refrito al estilo “Overture”, esta vez recordando todos los pasajes memorables del disco en “Underture”. Se acabó, fin de un disco fuera de lugar en cualquier época, un bicho raro, que sorprende igual ahora que hace cuarenta años, que no tuvo claros precedentes y que no tuvo demasiados continuadores. No vendieron nada, no tuvieron ningún single de éxito y la cosa terminó como tenía que acabar.
Durante una pequeña gira promocional del disco recién editado, los BS&T cortaron la cabeza a su rey y echaron a Kooper de su propia banda. Lo hicieron por supervivencia: cogieron a un tío que cantaba mejor que Kooper y a un teclista que tocaba parecido y se dedicaron a vender discos como churros limitándose a hacer versiones de canciones de pop ligero. Kooper se dedicó a otras cosas, pero afortunadamente duró lo suficiente para ofrecernos esta obra maestra. A disfrutarla.
Mr pHarmacist
La Fila de la Desolación (Parte 4); Syd Barrett
Hablar de Syd Barret es hacerlo de Pink Floyd, es hacerlo de drogas, de una vida al límite que acabó llevando al infausto artista a un deterioro mental y físico que no sólo terminó con su carrera artística, sino que le incapacitó para todo lo demás, pasando gran parte de su vida encerrado en la casa de su madre. Pero también es hablar de delicadeza, de ternura agridulce y de canciones desnudas pero emocionantes, autobiografía de un tipo destrozado y con un pie y medio en el más allá.
Syd Barrett fue un tipo con inquietudes que formó The Pink Floyd Sound con tres amigos en Cambridge. El grupo pronto cambió sus inicios R & B por una colorista psicodelia británica, llena de gnomos, viajes interestelares, Lewis Carroll y canciones pop decoradas con toneladas de imaginación y demás reverberaciones. Sus primeros singles fueron bastante exitosos, gracias al talento de Barrett para contar pequeñas historietas algo truculentas (“Arnold Layne” o “See Emily Play”) bajo envoltorios pop. Su primer disco, “The Piper At The Gates Of Dawn” siguió la misma línea y se puso a la vanguardia del rock junto al Sgt Pepper durante el verano de 1967, pero pronto el éxito pasó factura al bueno de Barrett, que se colapsó por una combinación explosiva de droga para desayunar y una psique algo tocada previamente. Prueba de ello es su gloriosa interpretación de su single “Apples And Oranges” en televisión, donde pasó de hacer playback y se quedó mirando la cámara con expresión de vaca mirando a un tren, perdido en sus mundos cósmicos. Cada vez componía menos y se fue desvaneciendo como una pastilla efervescente (¡qué ricas!).
Pronto resultó evidente a sus compañeros que así no iban a ninguna parte y ficharon a un segundo guitarrista a medio camino del segundo LP. Este tío se llamaba David Gilmour, un exquisito músico (sobre todo después) que además era un viejo amigo de Barrett y del que esperaban que encauzara la vida de su compañero. Pero Barrett estaba ya fuera de toda ayuda que le pudieran prestar y abandonó el grupo (o fue invitado a abandonarlo) para explorar el mundo sideral, pero no llegó. Mientras Pink Floyd alcanzó las estrellas, el éxito y la pasta gansa, Syd se quedó en Londres, con una guitarra acústica.
Empezó a grabar algo durante 1969, con sus ex-compañeros embarcados en el monumental Ummagumma. Poco a poco, y con diferentes productores (entre ellos Roger Waters y David Gilmour) y bandas (The Soft Machine), fue grabando canciones en los estudios de EMI en Abbey Road y tuvo canciones para un LP, al que tituló “The Madcap Laughs”, frase que aparece en la letra de uno de los mejores temas en él contenido, “Octopus”. Contenía una primera cara más convencional (aunque no lo sea en absoluto), con batería y demás instrumentación auxiliar y canciones más cercanas al pop; maravillosas “Terrapin” o “No Good Trying” (con un imaginativo acompañamiento de los Soft Machine, liderados por Robert Wyatt) pero sobre todo destacaba la oscura “No Man’s Land”, con una melodía subyugadora. La cara B mostraba el lado más desgarrados de Barrett, a pesar de un comienzo movido con “Octopus”; canciones acústicas en las que Barrett se equivoca de acordes, en las que el tempo es errático, por decir algo, en las que incluso le sale un gallo y cambia de tono para poder llegar mejor a las notas altas. Más que unas canciones, son un testimonio, un documento demoledor de Barrett, como las psicoterapias de Allen en sus películas más personales. Las melodías son lo de menos, las letras van desde lo cósmico a lo indescifrable, pero destaca la fragilidad de “Golden Hair”, basado en un poema de Joyce. La misma portada era una declaración de intenciones, con Barrett descalzo y en cuclillas en una habitación sin muebles ni más ornamentación que un jarrón con unas flores. Un LP tremendo y esencial, pero duro de degustar; no pertenece a los 60, a los 90 o a los 50; no es acid-jazz, o technohouse o blues; es Barrett paseando a sus fantasmas e invitando de manera cómplice a que lo sigas. Sólo hay algo parecido en la Historia del Rock (no musicalmente, sino conceptualmente) y es el “Oar” de Alex Spence, del que hablaremos en la próxima entrega de la Fila de la Desolación.
Naturalmente, el disco pasó desapercibido para el gran público, que o no comprendió la propuesta de Barrett o se asustó de la desnudez de la obra. Barrett, que ya estaba más cerca de Obi Wan Kenobi que de la guerra del Vietnam, siguio impertérrito; no grababa para vender discos, grababa para él y para quien quisiera oirlo. Llegaba a Abbey Road con un montón de papeles con retazos de canciones escritos en ellos, a veces sólo algo de la letra, otras veces un apunte de acordes. Así grabó su segundo LP, “Barrett” de 1970 y se notó en la calidad de las canciones. El precario estado de Barrett hizo que Dave Gilmour, el productor, decidiera incluir más músicos (entre ellos, él mismo y el teclista de los Floyd, Richard Wright) para dar cuerpo a las canciones. Al hacerlo, diluyó algo el espíritu de las mismas y perdieron algo de personalidad, aunque de vez en cuando recuperaban la brillantez del primer LP, como en “Baby Lemonade”, “Gigolo Aunt” (que dio lugar a un grupo) o en una canción escrita antes de su época Floyd, “Effervescing Elephant”.
Después, poco más. Syd Barrett fue cayendo en la Gran Espiral del Olvido, pese a ocasionales entrevistas y frustados intentos de montar alguna banda. Poco a poco, fue desapareciendo del mundo, encerrado en sí mismo. No volvió a grabar, no volvió a tocar. Shine On You, Crazy Diamond.
Mr pHarmacist
Música portuguesa de los 60
Radio Televisión Española lo está haciendo bastante bien con su página web. Ya comentamos la disponibilildad de sus programas en RTVE a la carta, y ahora me veo usando cada vez más la parte dedicada a RNE. La posibilidad de escuchar los programas de radio en su web, así como archivos sonoros, es una maravilla. Ayer escuché una canción a medias en un programa de Radio 3 que me encantó, pero no repitieron el nombre del grupo, con lo que temía perderla en el olvido. Hoy buscando el programa en la web la he podido escuchar de nuevo. Aquí dejo el programa de ayer de Ambigú, dedicado a la música que se hacía en Portugal en los años 60. A ver si se animan a dejar en la web más contenidos.
edujarto.
Black Heart
Calexico.
edujarto
Curiosidad
En estos tiempos tumultuosos me ha venido a la cabeza la canción ‘Fight the power’ de Public Enemy y buscando un poco por ahí he llegado a una traducción al castellano de la letra de la misma.
La traducción tiene bemoles, ahí os la dejo:
Estribillo
Como el ritmo diseñó despedir
Qué cuenta es que las rimas
Diseñó llenar su mente
Ahora que el youve realizó que se enorgullece llegado
Conseguimos bombear la materia para hacernos resistentes
Del corazón
Su un comienzo, una obra de arte
Para revolucionar haga los nothins de un cambio extraños
Gente, gente somos iguales
Ningunos no eran iguales
Causa no sabemos el juego
Qué necesitamos es conocimiento, nosotros bisela consigue descuidado
¿Usted dice cuál es éste?
Mi querido deja para conseguir abajo al negocio
Aptitud mental de la defensiva del uno mismo
acometidas del vago (del yo) la demostración
Usted consiguió ir para lo que usted sabe
Haga que todos ve, para luchar las energías que sean
Lemme le oye decir…
Luche la energía
Estribillo
Elvis era un héroe a la mayoría
Pero él nunca significó que mierda a mí que usted ve
Racista ascendente recto que era el lechón
Simple y llano
La madre coge el wayne él y de Juan
Causa Im negro e Im orgulloso
Im listo y hyped más Im amped
La mayoría de mis héroes no aparecen en ningunas estampillas
Muestree una mirada detrás usted mirada y hallazgo
Nada pero rednecks por 400 años si usted comprueba
No se preocupe sea feliz
Era un atasco del número uno
La maldición si la digo usted puede darme una palmada derecho aquí
(consígala) deja para conseguir este partido comenzado a la derecha
Derecho encendido, cmon
Qué conseguimos decir
Accione a la gente ninguna retrasa
Para hacer que todos ve
Para luchar las energías que sean
(luche la energía)
La chica que salió de la tarta.
La Fila de la Desolación (Parte 3): Buffalo Springfield
BUFFALO SPRINGFIELD (1966-1968)
Buffalo Springfield es otro de esos grupos de música más conocidos por la mitología que los rodea que por su trabajo. Al hablar de los Yardbirds se nombra ineludiblemente a Led Zeppelin o a Eric Clapton; cuando se menciona a John’s Children (grupo cutre y de serie B donde los haya, lástima que no podamos hablar de ellos), todo el mundo saca a colación a Marc Bolan y T.Rex; quién se acuerda de las Spice Girls cuando nos podemos quedar con la inefable Victoria Beckham (un saludo, Victoria, recuérdame que te devuelva el abrigo). Con Buffalo Springfield pasa otro tanto; no podríamos hablar del grupo sin mencionar que por él pasaron unos titanes del rock llamados Stephen Stills y Neil Young e incluso Richie Furay o Jim Messina son conocidos por otros menesteres (aunque a una escala menos mastodóntica).
Pero Buffalo Springfield no es sólo un nombre divertido y dos tíos que arrasarían en el mundo de la música en la siguiente decada y que aún hoy son reverenciados y llenan estadios de fútbol (americano) y salas de baile variadas; Buffalo Springfield es sinónimo de buena música, buenos discos y hostias como panes; es decir, todos aquellos ingredientes que hacen de esta tarea algo divertido. Vamos pues a la tarea.
Neil Young era un canadiense algo tarado (de hecho, lo sigue siendo) que un día se encontró por ahí con un tío un poco más cuerdo (no hay datos sobre su estado actual) llamado Stephen Stills. No llegó a mayores la cosa, pero he aquí que Stephen Stills, que estaba montando una banda de rock para subirse al carro de los Byrds, que eran leyenda en Los Ángeles, se acordó de aquel tío feo que tocaba la guitarra y decidió ofrecerle un puesto en la banda. Young y otro compañero suyo en los Minah Birds, Bruce Palmer, bajaron a California desde la fría Canadá para reencontrarse con su colega, pero estuvieron buscándolo durante una semana y no lo encontraron, la ciudad es enorme y por aquel entonces no había cobertura de Amena en el continente. Hartos de vagar por Los Ángeles y pasar hambre, cogieron el coche y decidieron marcharse por San Francisco, con la esperanza de unirse a alguna banda de las que allí se estaban formando y de las que se estaba empezando a hablar (estamos en 1966). Salieron de la ciudad y pronto se quedaron parados en uno de los monumentales atascos que han dado paso al famoso smog. Mientras pasaban el tiempo, vieron a Stills atascado en un coche, sólo que en dirección contraria. Cruzaron la mediana bajo un concierto de bocinazos y así nació Buffalo Springfield. No digáis que las autopistas no sirven para nada.
Stills, que al parecer ya no contaba con que Young bajará del Canadá, había fichado a otro guitarra, Richie Furay, pero cuando llegó Young, decidió quedarse con los dos. Palmer tocaba el bajo y un tío simpático llamado Dewey Martin la batería. Ensayaron un par de días y rápidamente empezaron a dar conciertos. Chris Hillman, que era el bajista de los Byrds y que después sería co-fundador de los Flying Burrito Hermanos (de los que hablaremos en otra ocasión), les vió y se quedó tan impresionado que les ofreció ser su manager. Chris Hillman tenía buen ojo; el grupo contaba con tres compositores y cantantes excepcionales (Stills, Furay y Young) y sonaban potentes y modernos, fusionando sus raices folk con la nueva manera de hacer rock californiana.
Los Buffalo no aceptaron, pero bajo el patrocinio de Hillman (y también de Crosby) acabaron fichando por Atlantic Records, otros subyugados por la mezcla entre folk-rock, country y pop que mostraba el grupo.
Pronto vinieron los choques. En Buffalo Springfield aquel que componía la canción la cantaba, apoyado en la armonía por los otros dos. Atlantic consideró que la voz de Young era “rara” (razón no les faltaba, pero éso no quiere decir que fuera “mala”, desde luego) y Furay tuvo que cantar las canciones de Young en un primer momento. Además, Bruce Palmer empezó a tener problemas con la droja en el colacao; primero fue detenido por posesión de marihuana, pero pronto llegaron otras cosas más serias y empezó a perderse sesiones de grabación y a meterse en líos; por otra parte, Young y Stills estaban todo el día discutiendo acerca de ésto y de aquello, porque tenían los dos el ego del tamaño del coloso de Rodas. Y por otra parte, y éste es el gran misterio, nunca tuvieron demasiado éxito comercial; no al menos el que ellos (y su casa de discos) esperaban.
Sacaron su primer disco a finales de 1966, a la luz de su relativo éxito de ventas “For What It’s Worth”, canción de Stills conocidísima y que ha sido mancillada posteriormente en algún anuncio de televisión.
A pesar de los problemas, el disco (repartido equitativamente entre Young y Stills) es todavía hoy un gran conjunto de canciones, si bien se empieza a observar las diferencias entre los tres líderes del grupo. Stills manejaba muy bien las letras y la melodía, era un tipo sobrio y sus canciones eran buenas, aunque no brillantes; todo lo contrario que Young, que componía las notas más raras del vinilo. Son suyas las mejores canciones; consiguió cantar “Burned” y “Out Of My Mind” (cuyos títulos ya indicaban por donde iban los tiros) y permitió que Richie Furay se luciera como cantante en otras dos: “Flying On The Ground Is Wrong” y “Do I Have To Come Right And Say It”, ambas con una ligera influencia beatle.
A Palmer le pillaron con el carrito de los helados nada más sacar el disco (marihuana) y lo deportaron a Canadá. A partir de ahí, a veces tenían bajo (Jim Fielder, Messina… ) y otras veces salía su road manager de espaldas en la televisión, para dar la impresión de que eran cinco.
Empezaron a grabar su segundo disco, a la luz de una serie de actuaciones por el país que les dieron cierto prestigio (cantaron en Monterey, pero seguían sin vender demasiados Lps). Por si eran pocos, Furay se sumó al ego-trip generalizado y ahora eran tres compositores tirando cada uno de su cuerda y tratando de transformar el grupo en SU banda. Para terminar de arreglarlo, Bruce Palmer volvió de Canadá y se reincorporó al grupo.
De todo este caos, surgió sin embargo su mejor disco, titulado imaginativamente “Buffalo Springfield Again”. Éste también fue repartido equitativamente entre los compositores del grupo; ahora eran tres y cada canción suya estaba controlada férreamente por su compositor. Así que cada una suena de una manera diferente. Young se dedicó a monumentales canciones folk con impeutosos arreglos de cuerda y voces cargadas de reverb (una línea de trabajo que siguió después en su primer disco en solitario) y parió así “Broken Arrow” (que iniciaba su romance con los indios de manera pública) y sobre todo “Expecting To Fly”, pero brillaba más con su remake del riff de Satisfaction, “Mr Soul”.
Stills, correcto, en el primer álbum, explotó con “Bluebird”, anticipo de su archifamosa “Suite Judy Blue Eyes”, y con su guiño a los Byrds, “Rock And Roll Woman”. Furay dejó aquí y allá algo de country, agradable pero sin demasiadas ambiciones (“A Child’s Claim To Fame”)
Para no perder la costumbre, tras acabar el disco volvieron a deportar a Palmer y decidieron reclutar a Jim Messina como bajista definitivo. Young también empezó a faltar a las sesiones de grabación y a conciertos, y además también a el lo pillaron con las manos en la masa. Stills se quedó prácticamente sólo, sin banda para tocar por ahí y con esporádicas sesiones de grabación, de las que salio su tercer álbum oficial, que realmente es un recopilatorio de todo el trabajo de los últimos meses puesto en vinilo por Furay y Messina. Tiene algún tema emblemático de Young antes de marcharse (“On The Way Home”), pero el disco está dominado por las canciones de Furay y Stills, con ritmos latinos bastante recurrentes en la obra posterior de Stills (Uno Mundo) y algo de country ligero que después usaría Furay en sus bandas posteriores (Poco…y no me refiero a no en demasía, sino al grupo llamado Poco).
Después el apoteosis. Furay y Messina fundaron Poco, pero Young acabó convertido en lo que es ahora y Stills mantuvo también una buena carrera. Ambos formarían parte de uno de los grupos con más éxito de los 70, Crosby, Stills, Nash & Young, donde siguieron pegándose y reconciliándose, en un armónico movimiento pendular de agradable periodicidad. Aún hoy, Young es algo digno de verse.
Mr pHarmacist
Un pequeño homenaje
De aquí salió.
La chica que salió de la tarta.
La Fila de la Desolación (Parte 2): The Beatles
Tras haberles dado un repaso (para bien) en Gaseosa de Ácido Eléctrico y Rodando piedras, llega la hora de las galletas, de los malos modos y de las tanganas interneteras; y lo siento por Edujarto, que es un buen blogger-man y un administrador de antipática comprensivo y trabajador. Pero es que la última etapa de los Beatles, la crepuscular, tiene claros y sombras, como un día de frente frío en Irlanda, y en un balance final, palidece con respecto a las otras dos épocas estudiadas. La culpa no es del cambio climático, pero si de su ex-marido; desentrañemos este misterio.
Dejamos a los Beatles en su cima a principios de 1967, con el sencillo “Strawberry Fields Forever/Penny Lane”, obra cumbre del pop psicodélico que vio como Engelbert Humperdinck le robaba el número uno de las listas con “Release Me”, en uno de esos momentos para la posteridad. Lennon nos dio la primera, Macca la segunda y ambos quedaron satisfechos con sus creaciones. Se quedaron tan contentos que se olvidaron de seguir haciendo música. El tan laureado y admirado Sgt. Pepper presenta bastantes problemas, siendo el mayor de ellos la autocomplaciencia. Curiosamente, es McCartney quién nos ofrece lo mejor, con el reprise de la canción que da título al LP o alguna otra gloria del power-pop como “Getting Better”. Supongo que Lennon andaba bastante pasado (aunque se marcó otra gloria, “Lucy In The Sky With Diamonds” y algo de “A Day In The Life”), George andaba por la India, al menos mentalmente y no tenía tiempo para cosas tan intrascendentes como la música rock. Ringo es Ringo. Así que Macca tuvo que “tirar del carro” él sólo. Esta bajada de forma no fue pasajera. Durante el otoño se embarcaron en un proyecto absurdo llamado “Magical Mistery Tour” donde volvieron a patinar musicalmente, con piezas flojas y sin gancho; sólo “I Am The Walrus” salvaba la papeleta. Tras terminar la incomprensible película, hicieron las maletas y se marcharon a Bangalore. Allí conocieron a un indio que iba de gurú y lo que hacía era meter mano a sus mujeres cuando ellos meditaban, así que todos menos George se fueron volviendo, pero el grupo ya estaba un poco disgregado, también en lo personal; cada uno estaba a su rollo.
Por ello, su siguiente disco, un doble llamado simplemente “The Beatles” pero conocido como “The White Album”, parecía un recopilatorio, con un disco en solitario de John Lennon, otro de Macca y un tercero de Harrison, mezclado con un single del viejo Ringo. Todos tocan en las canciones de los demás; pero donde antes colaboraban, ahora sólo consentían en tocar. Las canciones de Macca son reconocibles al instante; tras su buena forma de 1967, bajó un poco el pistón con “Obladi Oblada” (en fín), “Martha” o “Honey Pie”, prescindibles; mucho music-hall, pero poco salvable: la vociferante “Helter Skelter”, la derivativa “Back In The USSR” y una pequeña maravilla llamada “Blackbird”. Lennon tampoco lo hacía muy bien y sonaba torturado en “Julia” o “Yer Blues”; nos dejó sin embargo la inolvidable “Dear Prudence” o “Sexy Sadie”, pero nos castigó con “Revolution no. 9″, instigado por Yoko Ono. Harrison se mostró a la altura de sus dos compañeros en “While My Guitar Gently Weeps”, con un monstruo como Eric Clapton a la guitarra solista, pero el resto de su material era más blando y no aportaba nada.
La vuelta a lo básico (llamar al disco “The Beatles”, dejar la portada en blanco, canciones sin demasiada parafernalia) fue algo menos exitosa que la de sus contemporáneos (Rolling Stones con su “Beggar’s Banquet” o Bob Dylan), pero el disco todavía se escucha con interés y por momentos epata y asombra. George Martin, que es un listo, dijo de él que “hubiera sido un gran LP sencillo”.
Nos atorraron con “Hey Jude” y se pusieron manos a la obra con Let It Be, con película incluida. pero resultó ser un desastre. Cada miembro del grupo andaba metido en proyectos al margen de los Beatles y todos trataban de huir hacia un lado o hacia el otro, alejándose de la grabación. Algunas cosas estaban bien, pero el disco es decididamente el peor de los firmados por el grupo y ellos eran conscientes de ello; por eso retrasaron su salida todo un año. Macca consiguió venderlo por segunda vez con todos los violines de Phil Spector borrados del mapa, para compensar las copias no vendidas.
Con Lennon en la cama con Yoko Ono, Ringo criando a su prole y Harrison dedicado a sus menesteres y algo resentido por haber sido el beatle en la sombra durante tanto tiempo, sólo quedaba Macca para sacar el equipo adelante. Exhortó a sus compañeros durante algún tiempo, hasta que éstos se hartaron de sus llamadas y accedieron a grabar un último disco, “Abbey Road”, donde vuelven a parecer un grupo, tras dos años de parecer cuatro tíos haciendo cada uno lo que les parecía. Vuelve Lennon con la tremenda “Come Together” y la excepcional “I Want You (She’s So Heavy)” y Macca orquesta una suite para la cara B con momentos buenos y otros un poco más flojos; aparte de eso, el bueno de Paul nos castigó con “Maxwell’s Silver Hammer”, una de las peores canciones de la Historia. Harrison fue quien salió mejor parado y “Here Comes The Sun” y “Something” no sólo son las mejores canciones del disco, sino que son sus mejores canciones.
A partir de ahí, adiós a los Fab Four y a una era que ya no volverá (afortunadamente, no podría pasearme por ahí con una camisa con chorreras y pantalones de pata de elefante). Su última época presenta muchos altibajos, pero los tíos eran unos genios y se nota en ocasionales gotas de brillo; les hizo más daño su desinterés por la suerte del grupo, su desunión personal y su apatía hacia el trabajo de sus compañeros. Empezaron siendo cuatro amigos haciendo música y terminaron siendo cuatro músicos trabajando y fichando al salir. El Crepúsculo de los Dioses.


