Antipática

blog terapéutico para no dedicarse a las drogas (en exceso).

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La industria me tapona

sin comentarios

Escrito por antipatica

Septiembre 16, 2009 a 10:58 am

Déjame vivir con alegría

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Un poco de Vainica Doble que he conocido gracias a una versión del grupo de expertos solynieve. Me quedo con la versión modernizada y aflamencada aunque el original siempre es el original.

La chica que salió de la tarta.

Escrito por antipatica

Agosto 18, 2009 a 1:06 pm

Negocios electrónicos

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Las tiendas electrónicas de música me parecen una tomadura de pelo. Sabiendo lo que cuesta la música en cederrón y por las manos que pasan esos dispositivos físicos y con toda la gente a la que hay que pagar (fabricantes de cds, imprentas gráficas para los libretos, distribución, tiendas físicas, discográficas,…) no me explico como se puede llegar a pagar prácticamente lo mismo por un conjunto de ficheros.

Lo mismo  está pasando con los libros electrónicos (imprentas, papel,  distribución, tiendas físicas,…) y al final el resultado es que pagas prácticamente lo mismo por algo que no te permite decorar tu estantería (1, 2, 3 ).

Que sí, que tienen muchas ventajas los formatos electrónicos y son el futuro, de eso no tengo ninguna duda. Aquí solo hablo del precio, que me parece una tomadura de pelo, sabiendo que se reducen los costes abismalmente (si no es así y me queréis hacer ver mi error esteré encantado de leerlo en los comentarios).

No creo que estas sean formas de luchar contra la piratería y de hacer la cultura más asequible a todo el mundo, aunque claro, estamos hablando de negocios y no de cultura.

La chica  que salió de la tarta.

Escrito por antipatica

Agosto 6, 2009 a 8:05 am

En la playa de San Sebastián

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El pasado fin de semana estuve en el festival de San Sebastián. Omito ahí la palabra jazz, porque no escuché nada de eso en los conciertos en los que estuve. Que no fueron muchos, y además me ceñí a los gratuitos dado que el festival en sí no era el objetivo del viaje. Sin embargo tuve la ocasión de escuchar un par de conciertos en la playa. El primero de  The War on Drugs, y me encantaron. Comentando con la gente a la que nos unimos, a alguno le recordaba a Dylan, otros a Sonic Youth y otros a Pink Floyd (!?). En cualquier caso a todos le recordaban a alguien.  Receloso de haberme visto influenciado por el entorno, los he escuchado de nuevo hoy (gracias spotify) y me siguen gustando. Así que deben ser ellos. Si después de escuchar la música del “video” queréis saber algo más, viene bien este post de Hipersónica de hace un año, en el que quizás explican un poco por qué hacen recordar a alguien siempre. Según el propio album The War on Drugs se podrían definir como “El Bob Dylan anfetamínico de 1966 al frente de The Jesus And Mary Chain, con Brian Eno a los controles”. Ahí es nada.

Y el segundo de Black Joe Lewis & The HoneyBears. Soul y Funky para mí, pero parece que tampoco está muy claro. Grandes para animar a todo el mundo ya entrada la noche. Muy buenos. Y más en concierto. Aquí no hubo tiempo para preguntarse si estábamos ante algo parecido a James Brown o a los Blues Brothers, porque no es plan de hablar mientras se baila. Y menos en la playa, en donde la estabilidad no es muy buena.

Nota: He cambiado el vídeo. No me había dado cuenta de que el anterior, con la canción I’m Broke, no se podía insertar en páginas fuera de youtube. Sin embargo, el vídeo me encanta, recomiendo verlo.

edujarto

Escrito por antipatica

Julio 28, 2009 a 9:57 pm

Escrito en Música

interné dos punto cero

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Digo Internet 2020

Un texto que puede ser el futuro visto en una tirada de chips o sólo unas risas. Como aquellos libros tan guays de “Elige tu propia aventura” pero sin mucha elección posible.

A mí, tal y como están las cosas no me parece un ejemplo tan hiperbóloco.

Rocío

Escrito por antipatica

Mayo 25, 2009 a 9:39 pm

Flamenco en la página de ACB

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Los foros es lo que tienen. Eso es lo que me ha respondido un amigo cuando le he descubierto una pequeña joya en un sitio donde nunca se me habría ocurrido buscar: el foro de acb.com. Un hilo de 50 páginas (en este momento) sobre flamenco, sus palos, historia, reflexiones, enlaces a videos… Espero que se siga incrementando y que mantenga el nivel de las aportaciones, que en general es muy alto.

Extraigo un par o cuatro preguntas con respuestas cuanto menos curiosas de una entrevista a Manolo Caracol en 1967, aportada por Camarón (forero, no cantaor):

- Manolo, tu confesión empieza. ¿Cuéntame por qué te llamaron, te llaman y te llamas “Caracol”?

-Porque mi padre, cuando chico, estando un día en Cádiz en casa de su tía la “Señá Gabriela”, madre de los “Gallos”, tiró un pelotazo en una olla de caracoles que se estaban guisando. Y como la tía dijo: “¡Sabía que esto iba a pasar, “Caracol”!, de ahí este apellido, que se convirtió en nombre artístico.

¿Cómo definirías el “cante”?

-Pues como don José María Pemán: “El cante es un echar por delante las cosas del corazón.” O como González Hervás: “¡Po no es difisi poder definí lo que e er cante! Es como queré sabé por qué Dios iso d’un güeso a la primera mujé.”

-¿Qué dotes consideras necesarias para ser un “cantaor” de verdad?

-Pues la primera ser hombre, tener corazón, que gusten los toros, el vino y las mujeres y luego poseer una voz con rasgos gitanos. Sin todo eso se podrá cantar, pero mal.

¿Cuál es el pecado que te merece mayor indulgencia?

-El beber demasiado y luego no querer pagar la cuenta.

Y un video de la Piriñaca

edujarto

Escrito por antipatica

Febrero 13, 2009 a 3:25 pm

Escrito en Internet, Música

La Fila de la Desolación (Parte 5): Blood, Sweat And Tears

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BLOOD, SWEAT AND TEARS

Harto de estar enconsertado por unos formatos convencionales, Alex Kooper, uno de esos tipos intrigantes que te encuentras de vez en cuando en el mundo del rock, decidió montar una banda de nombre también intrigante: Blood, Sweat & Tears. Kooper (y su ayudante a la guitarra, Steve Katz) tocaban en un grupo llamado The Blues Project. Kooper había empezado tocando la guitarra pero, durante las sesiones para “Like A Rolling Stone”, Dylan, que es una especie de visionario, le dijo que él tocaría el órgano en el disco y así se quedó; tocaría además en el extraordinario “Blonde On Blonde”. Durante dos años estuvo tocando los teclados en la banda del guitarrista Danny Kalb; mientras, Kooper fue creciendo como artista y la banda se le quedó pequeña. Topó con la incomprensión de Kalb a la hora de introducir nuevas ideas, así que Kooper les dejó tirados y pronto se le unió el otro guitarrista de los Project, el tal Katz. Entre los dos fueron reclutando personal para la nueva banda, sin nada más que la promesa de Columbia de grabar las nuevas composiciones de Kooper, que estaba avalado en la casa por sus colaboraciones ya comentadas con Dylan.

Entre los fichajes destacaba Jim Fielder, un tío de la costa oeste que había tocado con Buffalo Springfield y que sabía tocar el bajo de verdad; además, reclutaron una sección de viento, compuesta por trombón, saxo y dos trompetas, que Kooper consideró indispensable para su proyecto y que, a la larga, lastró la viabilidad de la idea, ya que eran ciento y la madre y no sacaban dinero de las giras. Pero hablaremos de eso más tarde.

Durante diciembre de 1967, fueron grabando las composiciones de Kooper, además de una serie de versiones (Tim Buckley, el malogrado padre del también malogrado Jeff Bucley, Randy Newman o Harry Nilsson) y fueron dándoles un toque cada vez más personal. El sonido de ese primer álbum es un buen ejemplo de como una mezcolanza de influencias ya trilladas pueden dar lugar a algo totalmente nuevo sin tener que inventar la penicilina.

El disco se tituló “Child Is Father To The Man” (¿?) y comenzaba con un cuarteto de cuerda interpretando pasajes de las canciones que seguirían a continuación, en un preludio muy similar a las óperas clásicas o a lo que luego haría Townsend con su “Overture” en Tommy. Sólo después de esta obertura encontramos a los auténticos BS&T en “I Love You More Than You’ll Ever Know”, desgarrada balada dedicada a Janis joplin (¿?) que contiene todas las líneas del sonido de Kooper, que se desgañitaba cantando con mala voz pero lleno de pasión; Katz incluía pequeños breaks de guitarra fuzz y pequeños anticipos en forma de arpegio del “I Want You” de los Beatles, mientras el órgano, el bajo y la batería llevaban el peso del ritmo; los instrumentos de viento se iban añadiendo a la canción, aumentando el dramatismo a medida que se acercaba el estribillo. Primer gran triunfo.

Durante la cara A los BS&T van visitando diversos estilos; en “Morning Glory”, iniciado por la sección de viento con un toque jazz, se vuelven suaves, mientras que “My Days Are Numbered”, con un bajo imposible de Fielder, reinventan el soul y las canciones de la Motown. Nada escapa a los BS&T, que después de la tórrida “My Days Are Numbered”, se relajan con un poco de música lounge y bossa-nova en “Without Her” y nos vuelven a emocionar al final de la cara A con la épica “Just One Smile”.

La Cara B me parece más floja, no sólo por las canciones, sino por su orden, que es perfecto en la primera cara. Empiezan bien con el funk-soul incansable de “I Can’t Quit Her” (un anticipo de la decada siguiente), que además contiene una guitarra grabada al revés, al más puro estilo Revolver, pero tropiezan con material más endeble proporcionado por el segundo de a bordo, el guitarrista Katz, que nos ofrece la delicada pieza de psicodelia gitana “Megan’s Gipsy Eyes”, que, aunque es buena, palidece al lado de las emocionantes canciones que la preceden. Kooper vuelve a la carga después con el blues de cabaret nocturno llamado “Somethin’ Goin’ On”, con su órgano abrasador, y sobre todo con “House In The Country” (nada ver con las canciones de los Kinks o de Blur), seguramente la canción más estrafalaria y brillante de todas, cabalgando a toda pastilla por algo cercano al soul, por decir algo; quizá la canción más original de todos. Para acabar el disco, una ida de olla propia de la época, en la que Kooper canta y canta sin estribillo alguno bajo la base del cuarteto de cuerda (y nada más) en “The Modern Adventures Of Plato, Diogenes And Freud”, cuyo título ya nos da idea de la pretenciosidad del tema. Para acabar, un nuevo refrito al estilo “Overture”, esta vez recordando todos los pasajes memorables del disco en “Underture”. Se acabó, fin de un disco fuera de lugar en cualquier época, un bicho raro, que sorprende igual ahora que hace cuarenta años, que no tuvo claros precedentes y que no tuvo demasiados continuadores. No vendieron nada, no tuvieron ningún single de éxito y la cosa terminó como tenía que acabar.

Durante una pequeña gira promocional del disco recién editado, los BS&T cortaron la cabeza a su rey y echaron a Kooper de su propia banda. Lo hicieron por supervivencia: cogieron a un tío que cantaba mejor que Kooper y a un teclista que tocaba parecido y se dedicaron a vender discos como churros limitándose a hacer versiones de canciones de pop ligero. Kooper se dedicó a otras cosas, pero afortunadamente duró lo suficiente para ofrecernos esta obra maestra. A disfrutarla.

Mr pHarmacist

Escrito por antipatica

Enero 16, 2009 a 10:59 am

Escrito en Música, Paja mental

La Fila de la Desolación (Parte 4); Syd Barrett

con 3 comentarios

Hablar de Syd Barret es hacerlo de Pink Floyd, es hacerlo de drogas, de una vida al límite que acabó llevando al infausto artista a un deterioro mental y físico que no sólo terminó con su carrera artística, sino que le incapacitó para todo lo demás, pasando gran parte de su vida encerrado en la casa de su madre. Pero también es hablar de delicadeza, de ternura agridulce y de canciones desnudas pero emocionantes, autobiografía de un tipo destrozado y con un pie y medio en el más allá.

Syd Barrett fue un tipo con inquietudes que formó The Pink Floyd Sound con tres amigos en Cambridge. El grupo pronto cambió sus inicios R & B por una colorista psicodelia británica, llena de gnomos, viajes interestelares, Lewis Carroll y canciones pop decoradas con toneladas de imaginación y demás reverberaciones. Sus primeros singles fueron bastante exitosos, gracias al talento de Barrett para contar pequeñas historietas algo truculentas (“Arnold Layne” o “See Emily Play”) bajo envoltorios pop. Su primer disco, “The Piper At The Gates Of Dawn” siguió la misma línea y se puso a la vanguardia del rock junto al Sgt Pepper durante el verano de 1967, pero pronto el éxito pasó factura al bueno de Barrett, que se colapsó por una combinación explosiva de droga para desayunar y una psique algo tocada previamente. Prueba de ello es su gloriosa interpretación de su single “Apples And Oranges” en televisión, donde pasó de hacer playback y se quedó mirando la cámara con expresión de vaca mirando a un tren, perdido en sus mundos cósmicos. Cada vez componía menos y se fue desvaneciendo como una pastilla efervescente (¡qué ricas!).

Pronto resultó evidente a sus compañeros que así no iban a ninguna parte y ficharon a un segundo guitarrista a medio camino del segundo LP. Este tío se llamaba David Gilmour, un exquisito músico (sobre todo después) que además era un viejo amigo de Barrett y del que esperaban que encauzara la vida de su compañero. Pero Barrett estaba ya fuera de toda ayuda que le pudieran prestar y abandonó el grupo (o fue invitado a abandonarlo) para explorar el mundo sideral, pero no llegó. Mientras Pink Floyd alcanzó las estrellas, el éxito y la pasta gansa, Syd se quedó en Londres, con una guitarra acústica.

Empezó a grabar algo durante 1969, con sus ex-compañeros embarcados en el monumental Ummagumma. Poco a poco, y con diferentes productores (entre ellos Roger Waters y David Gilmour) y bandas (The Soft Machine), fue grabando canciones en los estudios de EMI en Abbey Road y tuvo canciones para un LP, al que tituló “The Madcap Laughs”, frase que aparece en la letra de uno de los mejores temas en él contenido, “Octopus”. Contenía una primera cara más convencional (aunque no lo sea en absoluto), con batería y demás instrumentación auxiliar y canciones más cercanas al pop; maravillosas “Terrapin” o “No Good Trying” (con un imaginativo acompañamiento de los Soft Machine, liderados por Robert Wyatt) pero sobre todo destacaba la oscura “No Man’s Land”, con una melodía subyugadora. La cara B mostraba el lado más desgarrados de Barrett, a pesar de un comienzo movido con “Octopus”; canciones acústicas en las que Barrett se equivoca de acordes, en las que el tempo es errático, por decir algo, en las que incluso le sale un gallo y cambia de tono para poder llegar mejor a las notas altas. Más que unas canciones, son un testimonio, un documento demoledor de Barrett, como las psicoterapias de Allen en sus películas más personales. Las melodías son lo de menos, las letras van desde lo cósmico a lo indescifrable, pero destaca la fragilidad de “Golden Hair”, basado en un poema de Joyce. La misma portada era una declaración de intenciones, con Barrett descalzo y en cuclillas en una habitación sin muebles ni más ornamentación que un jarrón con unas flores. Un LP tremendo y esencial, pero duro de degustar; no pertenece a los 60, a los 90 o a los 50; no es acid-jazz, o technohouse o blues; es Barrett paseando a sus fantasmas e invitando de manera cómplice a que lo sigas. Sólo hay algo parecido en la Historia del Rock (no musicalmente, sino conceptualmente) y es el “Oar” de Alex Spence, del que hablaremos en la próxima entrega de la Fila de la Desolación.

Naturalmente, el disco pasó desapercibido para el gran público, que o no comprendió la propuesta de Barrett o se asustó de la desnudez de la obra. Barrett, que ya estaba más cerca de Obi Wan Kenobi que de la guerra del Vietnam, siguio impertérrito; no grababa para vender discos, grababa para él y para quien quisiera oirlo. Llegaba a Abbey Road con un montón de papeles con retazos de canciones escritos en ellos, a veces sólo algo de la letra, otras veces un apunte de acordes. Así grabó su segundo LP, “Barrett” de 1970 y se notó en la calidad de las canciones. El precario estado de Barrett hizo que Dave Gilmour, el productor, decidiera incluir más músicos (entre ellos, él mismo y el teclista de los Floyd, Richard Wright) para dar cuerpo a las canciones. Al hacerlo, diluyó algo el espíritu de las mismas y perdieron algo de personalidad, aunque de vez en cuando recuperaban la brillantez del primer LP, como en “Baby Lemonade”, “Gigolo Aunt” (que dio lugar a un grupo) o en una canción escrita antes de su época Floyd, “Effervescing Elephant”.

Después, poco más. Syd Barrett fue cayendo en la Gran Espiral del Olvido, pese a ocasionales entrevistas y frustados intentos de montar alguna banda. Poco a poco, fue desapareciendo del mundo, encerrado en sí mismo. No volvió a grabar, no volvió a tocar. Shine On You, Crazy Diamond.

Mr pHarmacist

Escrito por antipatica

Diciembre 10, 2008 a 7:12 pm

Escrito en Música, Paja mental

Música portuguesa de los 60

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Radio Televisión Española lo está haciendo bastante bien con su página web. Ya comentamos la disponibilildad de sus programas en RTVE a la carta, y ahora me veo usando cada vez más la parte dedicada a RNE.  La posibilidad de escuchar los programas de radio en su web, así como archivos sonoros, es una maravilla. Ayer escuché una canción a medias en un programa de Radio 3 que me encantó, pero no repitieron el nombre del grupo, con lo que temía perderla en el olvido. Hoy buscando el programa en la web la he podido escuchar de nuevo. Aquí dejo el programa de ayer de Ambigú, dedicado a la música que se hacía en Portugal en los años 60. A ver si se animan a dejar en la web más contenidos.

edujarto.

Escrito por antipatica

Diciembre 5, 2008 a 11:41 am

Escrito en Internet, Música

Black Heart

con un comentario

Calexico.

edujarto

Escrito por antipatica

Noviembre 18, 2008 a 10:56 pm

Escrito en Música