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Contratos

20 Dic

Mirando las condiciones del contrato de Vodafone para su servicio Navega y Habla, me he quedado con cierta cara de sorpresa (cierta solo porque ya me espero cualquier cosa), al leer lo siguiente:

EL CLIENTE se compromete a utilizar el SERVICIO de conformidad con la ley, la moral, las buenas costumbres generalmente aceptadas y el orden público,…

Ein?. ¿La moral y las buenas costumbres generalmente aceptadas???. ¿Qué es eso?. ¿Quiere decir que si me meto en páginas porno no vale?. ¿Y páginas picantonas?. ¿Vale ver una tetilla?. ¿Se considera buena costumbre el escribir en este blog? (porque no debería). Resulta curioso que Vodafone vele porque los actos de sus clientes estén regidos no ya por la ley, sino además por reglas morales universales, aunque no tenga ni idea de cuáles sean. Señores de Vodafone, ya que estamos, ¿por qué no discutimos la moralidad de sus acciones empresariales antes que meterse con la de mis hábitos de navegación?. Por ejemplo, vayamos al último punto de estas condiciones:

En lo que respecta a la modificación del servicio, Vodafone garantiza una velocidad máxima de hasta 1Mbps siempre que los consumos del cliente sean adecuados según se describe en el presente documento e inferiores a 1GB/mes. En caso contrario Vodafone solo garantiza hasta 128Kbps de velocidad máxima.

Muy bonito: “Vodafone garantiza una velocidad máxima…”. ¿Qué es esto de garantizar una velocidad máxima?. ¿Y la velocidad mínima que es lo que de verdad importa que garanticen?. O ya que estamos, ¿y el cobrar a sus clientes tiempo que en realidad no están hablando?. ¿O es que lo moralmente aceptable es únicamente aumentar sus beneficios?. Hipocresía pura.

edujarto.

Viviendo en la Era Pop (Parte 2): The Kinks

20 Dic

THE KINKS (1964-1982)

Desde los suburbios de Londres, desde los barrios de la clase media-baja británica, desde sus casas de dos pisos idénticas en barrios sin personalidad alguna, llegaron los hermanos Davies (Ray, de 20 años, y el petardo de su hermano, Dave, de 17) para revolucionar esto de la música pop. En lugar de llevarles a Highbury Park todos los sábados a ver al Arsenal, sus padres les compraron un piano y los hermanos hicieron sus primeros pinitos con la guitarra. Luego se ligaron a dos tipos, Mick Avory y Pete Quaife, para que tocaran la batería y el bajo más o menos respectivamente y montaron los Kinks.

kink  n (en una cuerda) vuelta
     (en el pelo) rizo
     (emocional) trauma, manía

Extraído de word-reference…Los Kinks estaban locos, pero de momento tocaban R&B convencional, versiones de Chuck Berry y demás clásicos del rock. Su primer single fue “Long Tall Sally”, pero pronto Ray Davies covenció a su productor Shel Talmy para grabar una composición propia. Ésa fue “You Really Got Me” y lo que siguió es HISTORIA. Con dos acordes inventaron el heavy, el punk, el garaje y el AHSID-JAUS y se forraron, ya que la canción fue todo un éxito. Aquello sonaba guarro (sonido de ampli Vox), pero estaba muy bien y estuvo mucho mejor cuando sacaron “All Day And All Of The Night, que era mas de lo mismo, pero mejorado…aquí podéis ver a Dave Davies con su Epiphone Casino metiendo la gamba en una actuación en directo (segundo estribillo, antes del solo…):

Ray Davies se hizo con el timón de la nave kinky y comenzó a escupir éxitos uno detrás de otro, si bien fueron dulcificando el sonido (“Tired Of Waiting You”). Grababan canciones como churros y también componían canciones para otros, eran como máquinas. Pero también supieron evolucionar. Mientras los Beatles y los Rolling se desquitaban de sus frustaciones musicales en la psicodelia y la música hindú, los Kinks volvieron a casa y anglificaron hasta el extremo su música, ya en piezas como “Dedicated Follower Of Fashion” (1965), una broma “cockney” acerca de todo lo que rodeaba a Carnaby Street y al mundo de la moda.

El LP “Face To Face” (1966) supuso el mayor giro hacia el music hall y otras músicas tradicionales inglesas. Aún tenían temas de rock explícito como “I’m Not Like Everybody Else” o “Party Line”, pero ya dominaban los mordaces comentarios acerca de la clase alta (“Most Exclusive Residence For Sale”, “A House In The Country”), emotivos recuerdos de su hermana en Australia (“Rosie Won’t You Please Come Home), homenajes a los músicos de sesión (“Session Man”) y, por encima de todos, ese himno encantador a la vagancia y a la molicie, a la desidia y a la dejadez gozosa, “Sunny Afternoon”, que arrasó en las listas y que confirmó a Ray Davies como uno de los grandes autores de la historia del rock. Pero afortunadamente aún quedaba bastante más.

El período 1966-1967 fue intenso para los Kinks. A “Sunny Afternoon” le siguió “Dead End Street”, con los parias de la Tierra y un video promocional dirigido por el mismísimo Ray (¿os imagináis a Doña Spears dirigiendo uno?):

Después vino otro agridulce retrato de un Don Nadie en “Mr Pleasant” y editaron su disco “Something Else”, que fue su mejor larga duración y que además contenía su mejor canción, dos minutos de candor y ternura londinense llamados “Waterloo Sunset”; a pesar de, o quizá debido a, su sencillez la CANCIÓN de éste que les escribe, hasta el punto de haber paseado junto a la Señora Farmaceútica por el puente sobre el Támesis de la canción en un viaje a Londres, en pleno momento FRIKI musical. Pero “Something Else” no era sólo “Waterloo Sunset”, tenía también relatos a todo galope sobre niños odiosos (“David Watts”), odas a la vida tranquila en clave melancólica (“Afternoon Tea”), pequeñas maravillas de bossa-nova (“No Return”) y retratos de yernos y suegras y perros-patada que se te encaran (“Situation Vacant”). Ray Davies se había convertido en un observador de la vida y todas sus canciones en tercera persona contaban historias sobre la “otra” Inglaterra, algo que intentó hacer (bastante peor) Paul McCartney en su última época con los Beatles.

A “Waterloo Sunset” siguieron otras joyas de un Ray enrachado como “Autumn Almanac” o “Wonderboy”, con mención especial para la tierna “Days”, que fue acompañada de un ambicioso album conceptual con tintes ecologistas llamado “Village Green Preservation Society”, influido por “Under The Milk Wood” de Dylan Thomas y un homenaje al té de las cinco, a las locomotoras de vapor y a la tranquila vida en la campiña inglesa. Luego, en colaboración con un escritor, se embarcó en una desmitificación de la Inglaterra post-victoriana en una serie de canciones a las que llamó “Arthur Or The Decline And Fall Of The British Empire”. En principio, debía ser la banda sonora para algún tipo de programa en la BBC, pero todo se canceló y se fue al carajo y los Who tuvieron tiempo para editar su opera-rock “Tommy” antes, lo que relegó a la obra de los Kinks al ostracismo, bajo la etiqueta de oportunista. Pero el “Arthur” contenía temas de inconmensurable calidad como “Victoria” y la excelsa “Shangri-Lah” y ha envejecido mejor que el LP de los Who y sus putas trompetitas de los cojones (metételas por el culo, Pete).

A partir de ahí, los Kinks fueron perdiendo gas poco a poco, aunque Ray Davies conservó y conserva destellos de genialidad. En 1970 editaron “Lola”, su último gran tema sobre un pueblerino (¿Paco Martínez Soria?) seducido por un travesti, pero los discos eran cada vez peores. Luego Ray se perdió en una maraña de discos conceptuales y de óperas rock, ocasionalmente salpicadas de discos de mejor calidad. Dave se dedicaba al heavy y a dar la paliza al personal.

Reivindicados por los Jam (“David Watts”) y los Pretenders (“Stop Your Sobbing” y la relación entre Ray y Chrissie Hynde, de la que nació algún vastago de Ray y Chrissie de sexo no conocido), los Kinks renacieron cual vulgar fénix de sus cenizas. En 1982 tuvieron éxito con su remake de “All Day And All Of The Night” titulado “Destroyer” y su bailongo “Come Dancing”, recordando las verbenas de tu pueblo. Sus directos aún sonaban potentes. Luego volvieron a desaparecer en aguas calmadas, con esporádicos proyectos de los hermanos. Aún resuenan sus ecos en bandas de la decada de 1990 como Blur (“Country House”, “Charmless Man”) o los pesados de los Gallagher (“Married With Children”), pero nadie más se acuerda de ellos, aunque estuvieron al nivel de los Rolling Stones y muy cerca del Olimpo (Beatles finales del 65-66).

Mr Pharmacist, God Save The Kinks!