La vieja Europa

4 Abr

Vieja, ahora, en su momento fue una jovencita, hija del rey Agenore de Fenicia, conocida por ser realmente preciosa, hasta el punto de que Zeus (el dios de dioses) se enamoró de ella. Como nada se interponía a la voluntad del divino mujeriego (es que era un Dios), decidió seducirla, para lo cual optó por transformarse en un toro o, quizá menos agresivo y tierno, en un novillo. Así, una mañana en que la princesa se estaba bañando con sus ninfas, el dios se acercó al río, atrajo a la princesa, la engañó y la raptó para llevársela a la isla de Creta, donde la sedujo. Fruto de este encuentro, Europa dio a luz a Minos, a Sarpedón y a Radamanto.

Pero, mitologías aparte, tenemos que decir que, como término geográfico Europa es bastante más reciente, dado que se remonta como tal al siglo VII a. C. Pero, además, los autores que lo habían usado, lo habían hecho sin ponerse de acuerdo sobre la región que abarcaba el término. Así, por ejemplo, Homero (siglos X-IX a. C.) llamaba Europa a la Grecia central, en oposición al Peloponeso y a las islas del mar Egeo. En el siglo v a. C., Heródoto se refería a la amante de Zeus observando que «La fenicia Europa era asiática y jamás estuvo en la tierra que los griegos llaman ahora por su nombre». Por la misma época, Esquilo usaba este topónimo para designar las tierras que se extendían al oeste del Asia. Para Aristóteles (384-322 a. C.), por su parte, Europa eran ‘los países fríos del Norte’.

Por paradójico que parezca, sería sólo después de la desmembración del Imperio Romano en muchos reinos dominados por los bárbaros, cuando el topónimo Europa adquiriera el significado actual, ya casi en los albores de la Edad Media. Y lo cierto es que tiene su lógica si se piensa que, frente a las invasiones musulmanas, los diferentes papas se vieron en la necesidad de reforzar la idea de unidad -no demasiado consolidada- entre los pueblos del continente, difundiendo así un sentimiento de solidaridad (católica) entre franceses, españoles e italianos. De esta necesidad de unión, rota después en infinitas ocasiones, aquellos europeos obtendrían la fuerza suficiente para formar un frente común, y bajo el mando del rey francés Carlos Martel (aprox. 685-741), frenar a los árabes en Poitiers (Francia).

Por otra parte, y a modo de alternativa etimológica, algunos estudiosos afirman que Europa deriva de la palabra semítica ereb, que significaría ‘Occidente’, lo cual no deja de ser verosímil, desde el punto de vista de los pueblos semitas. Quede constancia de la posibilidad.

Por supuesto todo esto es solo una versión de una profana que recopila lo que puede y como puede sobre etimologías (entre otras cosas) que le parecen curiosas (casi todas lo son).

Para saber más del origen puedes mirar aquí, aquí o en el diccionario etimológico Espasa-Calpe.

La chica que salió de la tarta.

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