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Gaseosa de Ácido Eléctrico (Parte 3): Quicksilver Messenger Service

9 Abr

Quicksilver Messenger Service fueron LA banda de San Francisco. Mientras los Jefferson Airplane o los Grateful Dead fichaban por discográficas nacionales (de allí, claro) y se veían embarcados en monstruosos e interminables tours de costa a costa, los Quicksilver siguieron tocando en San Francisco noche tras noche (batiendo records en lugares como el Avalon), sin firmar por nadie y pasando de grabar.

Como muchos otros grupos, Quicksilver Messenger Service se formó alrededor de un tipo que al final terminó por no tocar con ellos (y que luego volvío para terminar de destrozarlo). Ese tal tipo era Dino Valenti, cantante folk de palo amigo de luminarias como David Crosby de los Byrds o Paul Kantner de los Airplane. El tipo había estado tocando una temporada por los coffe-clubs de Frisco, habiendo compuesto temas como “Let’s Get Together” por el camino, canción que luego sería éxito en las cuerdas de otra gente.

El caso es que el tal Dino decidió seguir el camino marcado por sus dos colegas y montar una banda eléctrica. Para eso se ligó a otro cantautor de palo, neé David Freiberg (bajo) y a un vendedor ambulante que vivía en su coche, John Cipollina (guitarra eléctrica). Dino tenía un manager y algunos discos y los otros dos necesitaban comer y dormir en algo que no fuera el asiento trasero de un Buick, así que optaron por la simbiosis. También se unió Jim Murray (voz y armónica) al invento y así nació Quicksilver Messenger Service.

El mismo día de este afortunado acontecimiento (o si no fue el mismo, el siguiente) la policía cazó a Valenti con marihuana y lo mandaron al penal de Folsom para una temporada. Así que los otros se quedaron sin cantante, sin canciones, sin manager y sin nada. Mientras esperaban a que soltaran a Valenti, si es que lo soltaban, se ligaron a dos tipos que tocaban en una banda de garaje llamada The Brogues que había grabado “I Ain’t No Miracle Worker”, canción de Tucker y Mantz (ver Electric Prunes) y grabada por la Chocolate Watch Band (ver ídem, todo queda en familia en la costa oeste).

Así se sumaron al grupo Gary Duncan (guitarra) y Greg Elmore (batería), aunque otra luminaria como Skip Spence (posteriormente Jefferson Airplane y Moby Grape) estuvo con ellos una temporada. Empezaron a tocar por ahí y a hacerse famosos, en parte por su destreza tocando rock y también por su modo de vida algo bohemio y soñador. Vivieron una temporada en un viejo barco de la bahía, que Sanidad quemó antes de que las pulgas asolasen todo el estado de California y parte de Oregón. Después se largaron a Mill Valley y poco después se compraron un rancho donde vivían con las chicas y demás familia y unos caballos y un perro lobo. Es decir, estaban como una cabra, eran unos lunáticos y sus excentricidades no tienen parangón en toda la Gaseosa de Ácido Eléctrico.

Los Quicksilver se metieron del todo en el tema de los vaqueros al mudarse al rancho, se compraron unos sombreros Stetson (http://en.wikipedia.org/wiki/Stetson) además del ya mencionado pelotón equino y vivían como si estuvieran en 1860. El caso es que los Grateful Dead tenían un terreno cercano. A los Grateful Dead les molaban más los indios que los vaqueros, así que un día, aprovechando que los Quicksilver estaban pasadísimos de lo que fuera que tomaban para cenar, aparecieron los Grateful vestidos de indios y tomaron por asalto el rancho, atando a toda la Quicksilver family y humillándolos. Los Quicksilver planearon una venganza, ya que aquello no podía quedar así. Vestidos de vaqueros del Far West, querían irrumpir en uno de los conciertos de los Grateful Dead en el Fillmore (West, claro), asaltarles con pistolas de juguete y, enmascarados, tocar “Kaw Liga Was A Wooden Indian”con los propios instrumentos de los Dead, delante de su público. La idea sonaba bien y se metieron ilusionados en el coche disfrazados del Llanero Solitario, con sus pistolitas y sus pañuelos cubriéndoles el rostro.  Pero las cosas no salieron como ellos esperaban.

El Fillmore estaba enclavado en un barrio de negros y daba la casualidad que hacía un par de días la poli se había cargado a un chaval de un disparo y había cierta agitación en el barrio (con el obligatorio asalto a la tienda de televisores de todas las películas). El caso es que ese día el barrio estaba lleno de polis…pero los Quicksilver vivían fuera de la ciudad y no sabían nada. Imaginaos la cara de la pasma cuando vieron aparecer a los Quicksilver con sus pistolas y enmascarados. Alguno terminó en la cárcel y otros escaparon, pero no pasó nada grave y todo se aclaró horas después. cuando los polis confirmaron que las pistolas eran de Comansi.

Musicalmente, el grupo seguía para adelante, esperando a Dino y tocando mientras tanto un R&B salvaje con extensos solos instrumentales, y disponían de dos de los guitarristas clave de todo el invento de San Francisco: el agresivo John Cipollina y el melódico Gary Duncan, que hacían de doble guitarra solista. Por aquella época (1967) seguían sin firmar nada y trataban de aguantar dando conciertos, pero el perro lobo de Cipollina (“el más grande de la camada”) comía mucho Dog Chow y se acercaba el momento de fichar por alguna casa de discos. Mientras, grabaron dos canciones para una especie de documental sobre el rollo de San Francisco llamado Revolution y que lamentablemente sufrí hace unos diez años, en una madrugada de sábado, en TeleCinco, en la época dorada de las mama chichos y el VIP noche.

Los Quicksilver grabaron dos canciones para la película, “Babe I’m Gonna Leave You” (que luego saquearían los Zeppelin) y “Codeine” de Buffy Saint Marie. Como podéis comprobar, la peli era un plastazo considerable (pobre gato), pero es un brillante documento sonoro de los primeros Quicksilver. Ya se pueden apreciar los componentes de su sonido característico, muy marcado por la tremenda guitarra de Cipollina (una Gibson SG con golpeador de batman, aunque en el siguiente video no se lo acabo de ver) y su brillante y vibrante sonido, que sería marca de la casa. Por esas fechas tocaron también en el archifamoso festival de Monterey:

En 1968, casi dos años más tarde que los demás grupos de Frisco, acabaron cediendo a las presiones del perro lobo y ficharon por Capitol, mientras seguían esperando a Valenti. Pidieron cosas desorbitadas (un 8 pistas, que en palabras de Cipollina ni siquiera sabían si existía o no) y un montón de pasta, pero Capitol no había pillado nada en San Francisco y estaban locos por fichar a algún grupo así que les dieron todo lo que querían. Jim Murray, el cantante, les dejó para estudiar sítar poco antes de ponerse a grabar, pero eso no impidió que sacaran un disco hermoso (1968), con breves canciones con guiños orientales y de blues (“Light Your Windows” o la tremenda “Pride Of Man”) y hermosos instrumentales de aire español (colonial, se entiende) como “Gold And Silver” o partes de “The Fool”. Ecos del Oeste americano. El álbum resultó un desastre comercial, pero contenía parte de la mejor música que se hizo esa época en Estadios Unidios.

El caso es que a los Quicksilver no les gustó lo de andar en el estudio (después del coñazo que habían dado con el 8 pistas), ellos preferían el directo, el contacto con el público, la espontaneidad (aparte de que no eran buenos vocalistas ni compositores)…así que su siguiente disco fue en directo, con breves secciones de estudio intercaladas. Para mí, el mejor directo de la Historia: Happy Trails, de 1969, con los 25 minutos más famosos de “Who Do You Love”, pero también con “Calvary” y la vibrante “Mona”. Además, contaba con una gran portada realizada por The Globe Propaganda, que habían hecho otras cosas como la portada del debut de It’s A Beautiful Day. Un disco legendario y por el que Quicksilver pasó a la Historia.

Y pasaron a la historia en minúsculas también, porque a partir de ahí las cosas se estropearon un poco. Poco después del Happy Trails, el excelente guitarrista Gary Duncan dejó el grupo para irse con Valenti (que ya estaba fuera del trullo) a Nueva York. Lo sustituyeron por un pianista, Nicky Hopkins, que acababa de aterrizar en Frisco después de tocar con el Jeff Beck Group, con los Rolling y con quince mil tipos más. Con el grabaron su siguiente lp, “Shady Grove”, pero se había perdido ya la magia de los dos primeros discos. El disco no estaba mal, pero poco quedaba ya de la magnífica banda del “Happy Trails”, que sólo aparecía en ocasionales chispazos por parte de Cipollina en la canción que da título al disco, o en el instrumental de Hopkins, “Edward, The Mad Shirt Grinder”.

Valenti y Duncan volvieron con el rabo entre las piernas en 1970 y se unieron de nuevo a los reformados Quicksilver, que, ya como sexteto, vendió el rancho y partió hacia Hawaii en busca del paraíso perdido (Milton). Allí, relajados por la buena vida, parieron un par de discos bastante flojos, “Just For Love” y “What About Me”,  dominados por el pesado de Valenti, con pocas cosas salvables y con un sonido especial (y pésimo en mi humilde opinión, con mucho eco y pocas nueces)

Después del fiasco de Hawaii, Cipollina y su Gibson SG dejaron el grupo y allí se perdió todo, Valenti cogió las riendas y poco a poco fueron hundiéndose en la miseria musical, sólo redimida por pequeños destellos de genialidad como “Hope” (irónico titulo) y algo más de su disco “Quicksilver” de 1971.

Mr pHarmacist,  dedicado in memoriam a John Cipollina

Gaseosa de Ácido Eléctrico (Parte 2): The Grateful Dead

9 Abr

De las brumas de San Francisco y el updwelling de su bahía surgieron los Grateful Dead, una amalgama de perdedores sociales, unidos bajo la batuta de un descendiente de gallegos y de suecos (¿?) llamado Jerry Garcia. Al principio no se llamaban así y no tocaban lo que después tocaron. Empezaron haciendo folk, bluegrass y demás músicas tradicionales americanas, mientras el núcleo se iba formando: Garcia “Captain Trips” a la guitarra, Bob Weir a la rítmica, Phil Lesh al bajo, Pig Pen (ejem) a los teclados, a la voz cazallera y a la armónica y Bill Kreutzmann al tamboril. Tardarón poco en electrificarse (lo decidieron tras ver un concierto de los neoyorquinos Lovin’ Spoonful, liderados por John Sebastian) y tocar un material algo más negro, básicamente R&B a todo volumen (el sonido San Francisco no dejaba de ser blues tocado a máximo volumen con largos e hipnóticos pasajes instrumentales, Zappa dixit). No sólo electrificaron sus instrumentos, sino también su vida. Cogieron las maletas y se mudaron todos a una casa victoriana en Haight Ashbury, un barrio de yonkies reconvertido en punto de encuentro para los bohemios de la bahía, en el que también vivieron otros fuera de la ley como Jefferson Airplane.

El LSD, distribuido en muchas ocasiones de manera gratuita por el farmaceútico OWsley, fue abriendo sus mentes y pronto su R&B salvaje pasó a ser la banda sonora de los viajes de los jovenes de San Francisco. Otro personaje atraído por el volumen y el aparente caos de la música de los Warlocks de Garcia fue Ken Kesey (autor de “Alguién voló sobre el nido del cuco”), que por aquel entonces había vuelto de su viaje por los EE.UU. en un autobús escolar pintarrajeado (extendiendo la buena nueva del ácido, tal y como relata Tom Wolfe en el libro que da nombre a esta serie). Ken Kesey los fichó para sus acid test, en los que se introducía a la gente en el LSD, y el escritor admiraba su sonido eléctrico y amplificado hasta límites casi dañinos por el equipo que Owsley les había diseñado y comprado.

Como lo de The Warlocks ya no iba con el nuevo rollo, se cambiaron de nombre y para ello abrieron un diccionario al azar por dos veces, eligiendo una palabra de cada página: entonces nació The Grateful Dead (“The” no salió del diccionario, claro). Para cuando llegó la Warner Bros a la bahía, los tipos eran ya una leyenda y una unidad de destino en lo musical. Las discográficas se morían por fichar grupos del Liverpool de EE.UU. RCA había obtenido un gran éxito con los Jefferson Airplane, que estaban altos (observad mi ingenioso juego de palabras, fruto de mi desesperanza laboral) en las listas con “Somebody To Love” y “White Rabbit”. Warner Bros se frotaban las manos con los Grateful Dead y ya soñaban con una ristra de Top 5s en todas las listas del país. Poco sabían acerca de lo que tenían entre manos.

Los Grateful grabaron su primer disco a toda pastilla (literal y metafóricamente), producidos por un tal Dave Hassinger que había trabajado con unos tales Rolling Stones y con unos cuales Electric Prunes, entre otros muchos. Los chavales querían una muestra de su sonido Rolling Thunder (Trueno Rodante) de sus directos, pero no pudieron incluir sus maratones de cuarenta minutos (con los Grateful, la misma canción podía pasar de durar cuarenta minutos a durar cinco en el siguiente concierto, según el humor que tuvieran), así que incluyeron pequeñas piezas de dos o tres minutos compuestas a todo correr y con un sonido a medio camino entre el garaje y el R&B y dos excepciones: “Good Morning Little Shoolgirl” y (sobre todo) “Viola Lee Blues”, eléctrico testimonio de diez minutos de sus directos, algo casi inaudito para 1967.

En su segundo álbum, “Anthem Of The Sun” (1968), con un segundo batería ya incluido, tuvieron más libertad y pudieron hacer un pastiche de directos y de estudio en largas suites/canciones que reflejaban algo más el auténtico sonido Dead, el afamado Rolling Thunder. Además el disco incluía una portada de Mouse, que prontó diseño la mayoría de sus portadas.

Pronto, Garcia & Co. estaban dando conciertos por todo EE.UU. y eran reverenciados por un gran grupo de fans, denominados Dead Heads. Aunque seguían tocando interminables maratones de tres horas en sus conciertos, fueron cambiando su estilo en los discos. “Aoxomoxoa” el palindrómico album de 1969, trajo canciones más compactas y redondas, más enfocadas hacia alguna dirección, suavizado ya el Rolling Thunder de 1967, aunque el gasto que efectuaron en la grabación fue un excesivo precio a pagar para Warner Bros. El disco contenía canciones que luego se convertirían en éstandares del grupo como “Saint Stephen”, pero la discográfica no vio un duro.

Mientras, Garcia había cambiado las humbuckers de su Gibson SG por los sonidos más finos de la Stratocaster y eso se pudo oir en su doble en directo de 1969, “Live Dead”, que contenía una larga suite de canciones (más notable en el CD que en las dobles caras del vinilo, por aquello de tener que levantar el culo para darle la vuelta al disco), con grandes aciertos como “Saint Stephen/The Eleven” y la hipnótica “Dark Star” y sus 23 minutos de viaje espacial, el blues angustiado de “Death Don’t Have No Mercy”…y grandes peñazos como “Feedback”. El disco fue un éxito artístico y aún se escucha con estupefacción casi cuarenta años después. Para entonces habían añadido a otro teclista al grupo, ya que Pig Pen le daba mucho al bourbon y no se podía contar siempre con él (atención aún así a su versión de “Turn On Your Love Light” en el Live Dead).

Los Beatles tuvieron su White Album después del Sgt. Pepper, Dylan su John Wesley Harding después del Blonde On Blonde (que me corrija Curtis) y los Rolling Stone su Beggar’s Banquet tras el Satanic Majesties Request. Tras los excesos psicodélicos de finales de los sesenta (que traerían consigo un duro balance con la muerte de Jimi Hendrix, Janis Joplin, Brian Jones, Jim Morrison y Gram Parsons en años posteriores), los grupos volvieron a la sencillez y, en muchos casos a sus raíces. Los Grateful Dead no fueron una excepción y sorprendieron a todos con su binomio de 1970, el Workingman’s Dead y el American Beauty, discos a medio camino entre el country, Crosby, Stills y Nash y el hippismo acústico y la música folk tradicional americana, todo regado de slide guitars, mandolinas, armonías cálidas a tres voces (Weir, Lesh y Garcia) y melancólicas canciones de belleza primitiva. Destacaban “Box Of Rain”, “Sugar Magnolia”, “Till The Morning Comes”, “Ripple”, “Uncle John’s Band” o “Black Peter”, pero ninguno de los discos tiene desperdicio, sobre todo el American Beauty, al que le dio nombre una rosa (Rosa López, un saludo desde éste tu foro).

A partir de ahí los Grateful Dead fueron dando tumbos, con destellos de genialidad y gravísimos problemas de drogas (que se llevaron a Pig Pen y al otro teclista, además de amigos y familiares y, en última instancia, al propio Garcia) y variando de rumbo musical en exceso, en gran parte debido a la democracia existente en el grupo, que permitía a cualquier miembro hacer su “rollo” en cada disco. Se especializaron en largas giras por los Estados (Unidos) y dieron la brasa al personal hasta que se hicieron muy mayores. Incluso tuvieron un éxito en la entonces naciente MTV, que llevo a Garcia a comentar que “estaba horrorizado” por tener por fin una canción en las listas.

Con ustedes, los Grateful Dead en 1969, tocando Saint Stephen versión redux en directo para las conejitas del playboy:

Mr pHarmacist 

Comprar Vs alquilar

9 Abr

Ante esta disyuntiva siempre he encontrado opiniones encontradas. Unos dicen que sale mejor comprar ya que posees algo, lo puedes poner a tu gusto y sentirte como en tu casa (cualquier otra opinión que se te ocurra),… Otros, sin embargo, opinan que es mejor alquilar puesto que te da más libertad de elección, de ubicación (cualquier otra opinión que se te ocurra),… Y ambos grupos, además, hablan del factor económico. Unos dicen que sale más barato comprar y otros dicen que sale más barato alquilar. Pues en este último aspecto se me ha ocurrido investigar. Para ello he hecho un caso práctico: poseer o alquilar una vivienda en el centro de Madrid (luego esto será extrapolable o no a otros casos).

Empezamos. Nos vamos a idealista y seleccionamos comprar vivienda (usada, puesto que el alquiler también será vivienda usada) en el centro de Madrid. Sale un precio medio de vivienda de 5166 €/m2 (el día que lo hice). A este precio medio se le pueden poner muchos ‘peros’, a pesar de ello es el que vamos a usar a efectos prácticos. Con este precio medio del m2 para una vivienda de 65 m2 (vivienda de tamaño medio-pequeño) nos sale un precio de 335790 €. Supongamos que tenemos 15000 euros ahorrados, nuestra pareja otros 15000 € (lo hago con pareja porque si no es imposible) y que tus padres te pueden prestar unos 30790 € (total: 60790 €). Tendríamos que pedir un préstamo de 275000 € + gastos (alrededor de 32000 euros). Necesitamos un préstamo de 307000 € con un euribor al 4.2% +0.4% nos sale una hipoteca con cuota mensual de 1471.97 € (a 35 años). La compra de la vivienda tiene unos beneficios fiscales, este ahorro por el préstamo sería de 55669 €.

Además habría que amueblar la casa, al ser vivienda usada se supone que la cocina está amueblada, los baños completos, puertas y paredes pintadas. Suponiendo que todo está en perfecto estado y además es de tu gusto tenemos que amueblar lo que nos queda. Sigue leyendo