Camino del Valhalla (Parte 1): Cream

1 May

Como en una vulgar telenovela, la cremación de Cream estaba cantada de antemano. El escocés Jack Bruce, el bajista, y el yonkie de Ginger Baker, el batería, habían coincidido en Graham Bond Organization, un bohemio grupo de R&B británico liderado…bueno, liderado por Graham Bond. Allí habían desarrollado una fuerte, digamos, enemistad, que terminó por disolver el grupo después de que se tiraran de todo a la cabeza, saboteo de instrumentos incluido. Eric Clapton había tocado en The Yardbirds antes de “For Your Love”, lo dejó porque quería seguir tocando blues (aunque los Yardbirds fueron un pedazo de grupo también en su ausencia) y se pasó a los Bluesbreakers de John Mayall, refugio de los amantes de la música negra en Inglaterra. Tocó con ellos (contando con Jack Bruce como bajista durante algunas semanas) durante la segunda mitad de 1965 antes de dejarles para un viaje alrededor del mundo que terminó (por falta de fondos) en Grecia; se vio obligado a volver a Londres y pedir asilo musical a Mayall de nuevo (que, mientras tanto, lo había sustituido por un tal John McLaughlin y después por otro tal Peter Green, de posterior fama en Fleetwood Mac). Mayall accedió y, en contraprestación, Clapton le regaló uno de los discos más vibrantes de los sesenta, el “John Mayall & Eric Clapton Bluesbreakers”. Después del disco, un impresionado Ginger Baker se acercó al joven Clapton, proponiéndole la idea de formar un trío para tocar blues pero también para explorar territorios aún vírgenes musicalmente. Clapton, que no sabía nada, aceptó dejar a Mayall y unirse a Baker en su nueva aventura…siempre que el bajista del trío fuera Jack Bruce.

El caso es que Ginger Baker, de alguna manera, aceptó a formar el grupo con su antiguo némesis en la Organization y aparcar las viejas rencillas. Y así, al séptimo día, nació Cream.

Cream nació con vocación pop, pero sin olvidar un pasado blues común a sus tres miembros. Su primer LP, Fresh Cream (1966) tenía blues (“Spoonful”, un clásico de sus directos), pero no desdeñaban el rock y el pop (la tremenda adaptación de “I’m So Glad” y “I Feel Free”, de Bruce). El resultado de toda esta amalgama era un nuevo sonido, potente debido a su origen blues y a un grupo musicalmente en plena forma, atractivo y nuevo gracias al uso de inteligentes arreglos y de nuevas tecnologías y de gran éxito comercial, sin precedentes en la historia del blues británico. Su formato fue rápidamente copiado por la Experience de Jimi Hendrix y fueron un referente para todos, incluso para los Bitels.

La confirmación vino de su segundo LP, Disraeli Gears (1967). De la mano creativa de Bruce (asistido a las letras por el poeta Pete Brown) y un Clapton desbocado y más agresivo que nunca (ay, Legolas, esa SG con sus humbuckers…), nos dieron uno de los discos más memorables de la historia del rock. Como orugas convertidas en mariposas u ornitorrincos pequeños en unos más grandes y más mamíferos todavía, estos grises chicos de clase media británica aparecieron de pronto vestidos con coloristas camisas, pintaron sus guitarras con diseños psicodélicos y mostraron ya en su portada que el contenido no era nada convencional. De Lawdy Mama, un viejo blues al gusto de Eric, sacaron “Strange Brew”, que ya indicaba en su título por dónde iban los tiros. “Sunshine Of Your Love” fue uno de sus éxitos y uno de los riffs más recordados de la historia, pero brillaban tanto o más “Tales Of Brave Ulysses”, primera grabación de Clapton con un pedal wah-wah, que luego hizo popular Hendrix, y “SWLABR” acrónimo de “She Walks Like A Bearded Rainbow”, título surrealista que escondía una palpitante canción. La naturaleza a medio camino entre el blues y la psicodelia británica y el hard rock primerizo de las canciones hizo que Clapton tuviera que tocar como nunca y posiblemente Cream sea su mejor época como guitarrista total, acompañado además por una base rítmica sin parangón, con Ginger Baker como catalizador gracias a su doble bombo y su batería imaginativa. Y ese sonido inigualable…

Después de la borrachera de éxitos, vinieron las giras por los Estados (los unidos, claro), el mega-estrellato y “Wheels Of Fire”, su doble disco de 1968, que contenía una parte en estudio más floja que el Disraeli Gears (su gran éxito “White Room” es un remake de “Tales Of Brave Ulysses” y Clapton, que había participado activamente en el Disraeli no hizo apenas nada), brillaba su parte en directo, con una potente “Crossroads” seguida de una canción de lucimiento para cada miembro del power-trío. Aún así, para cuando terminaron el disco ya habían decidido que si seguían juntos se iban a matar entre ellos, así que decidieron separarse y tirar cada uno por su lado (aunque después Baker y Clapton montaron Blind Faith). Por lo menos lo hicieron bien, con una gira de despedida (con un último concierto  en el Royal Albert Hall el 26 de noviembre de 1968) y un disco extraído en parte de sus últimos conciertos y en parte del estudio, con su última gema en la forma de “Badge”, escrita a medias entre Clapton y un tal George Harrison (de qué me sonará).

Después pasaron muchas cosas, con Eric Clapton en camino hacia el estrellato del que goza ahora y que le permite ligarse a Sheryl Crow con lo feo que es. Pero por muy bien que toque ahora su famosa stratocaster, fue con sus Gibson con las que nos dió sus más imaginativos y potentes solos, que todavía hoy nos ponen los pelos de punta y que suenan como si hubiesen sido grabados ayer. Señoras y señoritas: Cream, la créme de la créme.

Comfortably Numb

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