Gaseosa de Ácido Eléctrico (Parte 9): Vanilla Fudge

18 Abr

Si Ejujarto y la Chica que Salió, cabezas visibles de la jungla de intelectos de ideas dispares pero objetivos divulgadores comunes que es Antipática (este tu blog), me pasaran por el peluquero de la censura y me obligaran a describir a este grupo con una sola palabra, usaría APOCALÍPTICO. Si me dejaran explayarme un poco más, diría que eran algo así como Bush Hijo puesto hasta las trancas de Southern Confort y con el botón rojo apuntando a Irán a tiro de piedra (para Curtis, que es un cinéfilo, le bastará con el bombardeador locamente nacionalista de “Teléfono Rojo: Volamos hacia…”). Eran demoledoramente psicodélicos y estaban pasados de vueltas; de hecho, fueron devorados por su propia creación, como hicieron los hijos de Crono (Zeus y demás ralea).

Así eran Vanilla Fudge, una especie de máquina juke-box bañada en ácido de color rosa. Surgieron sin embargo bastante lejos del movimiento psicodélico. Se formaron en la Costa Este de Estados Unidos a la sombra de los Rascals, hijos de italianos que hacían soul negro en bares de irlandeses. Los Rascals mezclaron material propio y ajeno, logrando un gran éxito con un montón de canciones de indiscutible calidad y simpatía. Los Vanilla Fudge trataron de hacer lo mismo, pero estaban tan (inserte aquí su adjetivo slang favorito referido al consumo excesivo de estupefacientes variados) que salía cualquier cosa, con un denominador común: aquello sonaba bien. Ficharon por Atlantic, que les propuso grabar su versión del “You Keep Me Hanging On” de las Supremes (Diana Ross y demás peña) en single. Los tíos cogieron el single original y en lugar de ponerlo a 45 rpm como Elvis manda, lo pusieron a 33 rpm (intencionadamente, claro) para cogerle un ritmo más pausado. Añadieron un poco de exotismo oriental por aquí y un poco de locura a lo Zappa por acá, y llevaron su versión al paroxismo y hasta los siete minutos también. Hubo que acortarla un poco, pero fue un éxito y abrió las puertas de la percepción y de la pasta gansa para los cuatro colegas.

Su primer y homónimo álbum, que sucedió al single, fue cortado por el mismo patrón. Cogieron canciones clásicas, éxitos imperecederos de los últimos tres o cuatro años (“Eleanor Rigby” y “Ticket To Ride” de los Beatles, “People Get Ready” de los Impressions, una de Sonny & Cher, “She’s Not There”, de los Zombies…) y las bajaron el ritmo, añadiéndoles unas introducciones imaginativas y un montón de cambios de tempo, parones dramáticos y maquillaje de LSD. En la base de la Pirámide estaban su bajista y su batería, Bogert y Appice, que eran unos tíos de sonido entre hard y heavy y que sabían de qué iba al rollo; de hecho, acabaron tocando con Jeff Beck en Bogert, Appice & Beck. Mark Stein tocaba los teclados y cantaba con un montón de vibrato, mientras abrasaba las canciones con acordes a destiempo, bien contrastados con los cimientos solventes de la sección rítmica previamente comentada. A la guitarra estaba un aldeano de nombre Martell, que metía breaks por aquí y por allá, aunque era el que menos pintaba de todo el invento (qué ironía).

Supusieron un golpe en el rock, una convulsión. Todo el mundo pensaba lo que hoy en internet expresaríamos por WTF??  Se dice que los mismos Beatles alucinaron en colores cuando oyeron el Ticket To Ride profanado por estos adoradores de Satán. Sea esto leyenda o no, la verdad es que era algo nuevo, muy rompedor y visualmente impactante, a años luz de los modositos grupos rivales.

Aquí radica todo el problema. De este tipo de situaciones radicales sólo se sale hacia delante, es decir, reinventándote para lo siguiente, si no tienes la suerte de haber creado algo atemporal (como Neil Young o los Rolling). La música de Vanilla Fudge tenía fecha de caducidad, tanta exuberancia pasaría factura…y se la pasó. Se acomodaron en su papel de versioneadores pasados de rosca de canciones aparentemente standard y fueron fagocitados por el propio Frankestein. Los siguientes disco fueron más de lo mismo (“Season Of The Witch”, “Where Is My Mind”, “The Look Of Love”…un no parar) e incluso, pagados de sí mismos, se permitieron el lujo de recopilar la historia de la música moderna en un solo tema de una cara. Demencial. Afortunadamente, el tiempo pasa criba y nos ha llegado su primer LP, legado inestimable de su contribución a la música Pop. Señoras y señores, siéntense en sus asientos, están a punto de asistir a una experiencia que cambiará sus vidas por completo: Vanilla Fudge.

Mr pHarmacist.

 

2 comentarios para “Gaseosa de Ácido Eléctrico (Parte 9): Vanilla Fudge”

  1. Mr pHarmacist abril 18, 2008 a 5:03 pm #

    Os dejo la versión de las jinchas estas de las Supremes, que también está muy bien, y podéis comparar. La iba a meter en el texto original, pero iba a resultar algo confuso (ah, ¿entonces las Vanilla Fudge eran tres tías cantando soul en trajes de noche?), así que he decidido unilateralmente ponerlo en un comentario:

    http://es.youtube.com/watch?v=EMKaRKbsswM

  2. edujarto abril 25, 2008 a 5:58 am #

    “Así eran Vanilla Fudge, una especie de máquina juke-box bañada en ácido de color rosa”.
    Tú valdrías perfectamente para tener un programa en Radio3. Todavía recuerdo el comentario de uno sobre “nanas galácticas envueltas en celofán cósmico”.

    Por cierto, tus entradas son algo por lo que merecerá ser salvado este sitio de la explosión de la burbuja 2.0. felicidades.

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