Rodando Piedras

Rodando piedras (Parte 1): The Yardbirds.

The Yardbirds (1963-1967)

Hay grupos que presumen de haber contado en sus filas con Eric Clapton, otros presumen de haber tocado junto a Jeff Beck. A los fans de los Led Zeppelin se les hace el culo gaseosa cuando les hablan de Jimmy Page. Imaginaos cómo de legendario ha de ser un grupo que ha contado con los TRES guitarristas en su formación, en un momento u otro de su carrera. Los Yardbirds, aunque no hubieran grabado una canción en su vida, hubieran pasado a la Historia de esto del ROCK.

Pero es que además los tíos grabaron cosas y pasaron de ser los substitutos de los Rolling Stones en un club de mala muerte a cabecillas del R&B primigenio en las Islas Británicas y después a punta de lanza de la psicodelia y de los sonidos más aventureros, acabando como unos proto-Zeppelin en sus últimos meses de vida, con Jimmy Page haciendo de maestro de ceremonias. Mucha tela para cortar, como podéis ver, y que acabaré resumiendo en tres ineptos párrafos como de costumbre.

Los Yardbirds eran un quinteto de blues rítmico de la zona, con un guitarrista llamado Top Topham al que sustituyeron por un tal Eric Clapton del que se hablaba muy bien en los mentideros. Tomaron el puesto vacante que los Rolling Stones dejaron en el club Crawdaddy al hacerse los Rolling famosos y meterse en líos de giras y tal (de los que parecen no haber salido hoy en día). Sustituir a Michael jordan es difícil, pero los Yardbirds lo lograron con mucho entusiasmo y un montón de material extraño a los oidos ingleses y recién llegado desde el delta del Mississipi. Señoras y damas: esto es rhythm and blues (ahora lo que se lleva es decir ar an bi, por que parece).

A falta de pericia instrumental, derrochaban entusiasmo , por lo que rápidamente se hicieron un nombre en el panorama (el escín, que dicen los del ar an bi). Se hicieron tan famosos que el bluesman Sonny Boy Williamson, de gira por Europa, quiso conocerlos y alucinó con lo mal que tocaban y, a pesar de ello, con la ilusión con que lo hacían. Les cogió cariño y grabó con ellos un disco en vivo que salió a la luz años después.

Como se habían hecho famosos con sus directos, su primer larga duración fue un directo desde el Marquee de London, con el padre de Keith Relf, el cantante, sosteniendo el micrófono con una caña de pescar sobre el grupo durante la actuación. La calidad de sonido es dudosa, los músicos (e incluyo a Clapton) mediocres por no decir pésimos, pero derrochaban ganas de agradar y de dar a conocer la música que les gustaba al público británico (vamos, como yo con estas mierdas de biografías). A pesar de su incompetencia, lograron un disco ambiental, eléctrico y entusiasta, con algunos momentos lúcidos como “Smokestack Lightning”, “Respectable” o “Here’Tis”, para histeria del personal que presenció el concierto. Por aquellas épocas Eric Clapton ya era “Slow Hand”, mano lenta, pero no debido a su falta de rapidez a la hora de destrozar los solos de guitarra, sino a cierto juego con los asistentes cada vez que rompía una cuerda de la guitarra; mientras la cambiaba (no roadies en aquellas épocas), el público aplaudía rítmicamente y con parsimonía al principio, aumentando el ritmo al final (algo parecido a los tiros libre de Bodiroga, si sabéis de que hablo).

Además del disco, sacaron algunos singles que tuvieron un pequeño impacto en las listas a lo largo del año 1964. Su tercer single, “For Your Love”, supuso una ruptura; era una canción pop de impecable factura y de visionario uso del clavicordio, un par de años antes de los Beatles, que ascendió al número uno, pero también rompió con su pasado blues y por último con Mano Lenta, que, en un arrebato de dignidad bluesera, se negó a seguir tocando en los Yardbirds y se marchó, en una historia que acabaremos de contar en otra ocasión.

Clapton les recomendó a Jimmy Page como sustituto, pero el chaval no lo tenía claro, así que les dirigió hacia un tal Jeff Beck, que empezaba en un grupo de dentistas llamados The Tridents. La llegada de Beck supuso el abandono del blues como Leit-Motiv y la completa inmersión del grupo en un pop avanzado, con toques de un montón de cosas, como los ragas indios o el canto gregoriano, mezclado todo todavía con gotas blues.

Obtuvieron éxitos con “Heart Full Of Soul” y la oscura “Evil Hearted You”, mi favorita. Siempre fueron un grupo de singles, pero culminaron 1966 con un excelente disco titulado “Yardbirds”, pero que es conocido por el dibujo del guitarra rítmica Chris Dreja y llamado “Roger The Engineer”. Un disco redondo, con un montón de canciones curiosas, siempre aderezadas con el plus que supone la guitarra aventurera de Jeff Beck.

Fue entonces cuando el bajista les dejó. En lugar de contratar a otro, Dreja se pasó al bajo y Jimmy Page entró como segundo guitarrista. Con Beck y Page grabaron el single “Happenings Ten Years Time Ago”, una pieza clave en la psicodelia británica. Además, salieron en una película de Antonioni, “BLow Up”, en la que Beck destrozaba su guitarra mientras tocaban “Stroll On” (se quiso a los Who, pero no estaban disponibles y los Yardbirds pasaron a hacer el show de destrucción de material)

En la gira norteamericana de aquel año, Beck explotó y lo echaron del grupo, después de intentar agredir a Keith Relf en los camerinos. Page pasó a dominar el grupo y bajo su guía se fueron transformando en una especie de versión de prueba de Led Zeppelin, incluyendo un montón de ideas y de canciones que luego formarían parte de la sonada banda de hard-rock (jar rok), entre ellas “Dazed And Confused”.

Poco a poco la falta de éxito de los singles y una errática elección de material los fue apartando de las luces de Bohemia y se fueron separando. En 1968, Page se encontró de pronto sin cantante, sin bajista y sin batería y algunos conciertos por tocar. Así que reclutó a Plant, a Jones y a Bonham y dio forma a un nuevo grupo, al que llamó The New Yardbirds, antes de metamorfosearse en Led Zeppelin.

Mr pHarmacist, Back From The Grave

Rodando piedras (Parte 2): The Rolling Stones.

Abramos primero la caja de pandora. Soy de los que opina (y no creo que seamos dos o tres), que lo de los Rolling hoy en día es un circo denigrante y desvergonzado, una maquinaria en funcionamiento por el principio de inercia (me cago en las leyes de la termodinámica, como podéis comprobar), pero sin vida y sin alma. Y es así desde hace un montón de años. Las monsergas de la edad, que no perdona, no me convencen: Roger Waters, ex de Pink Floyd, sólo es algo más joven que estos rockeros en formol que tocan ahora en los Rolling y sus espectáculos (musicales y más allá) son sencillamente espectaculares. Y está mucho mejor conservado. Otros ejemplos de ésto son gente como Ray Davies, que el año pasado sacó un disco en solitario que deja a la altura del barro el 99 % de los discos de rock y pop publicados durante 2007; y todos estos bluesmen que recorren la geografía europea durante el veranito, tomándose su sangría y fumando sus ducados con ochenta y cinco años. Me acuerdo también de Eric Clapton.

Pero no. Esta gente, de ilustre pasado, ha decidido huir hacia adelante y convertirse en más Rolling que los Rolling, con confesiones totalmente surrealistas de haberse fumado las cenizas de su padre y demás tonterías. Si realmente vives peligrosamente, al final acabas cascando (¿eh, Kurt?). Esta gente se droga porque es lo que se espera de ellos, lo que los fans les piden, pero tienen detrás a un equipo de médicos ¡y sin listas de espera, oiga! Lou Reed (otro que ha envejecido con más dignidad) no tiene ni las ganas ni el dinero para permitírselo y desde hace años lleva una vida tranquila (lo que no quiere decir que no se fume un canuto por navidades o en el cumpleaños de los nietos). Sus conciertos son buenos, pero porque son espectaculares, bien montados y los tíos tienen tablas y una experiencia que nadie más tiene en el rock (muertos ya los ídolos de los cincuenta y con los Beatles semiretirados). Ahora bien, supongamos que te tienes que tragar treinta conciertos seguidos de estos tíos, tocando siempre las malditas doce o quince canciones, con los guiños de toda la vida, los bailecitos, la estoicidad de Watts, y Keith haciendo de fumeta cuando lo que se ha tomado antes de salir al escenario era un zumito de naranja recomendado por su dietista personal. Después del concierto, limusina y al hotel de cinco estrellas, a cenar un menú preparado por los mejores chefs del momento; rumores de orgía propagados entre el personal y a dormir. Desde luego, el paradigma del ROCK.
Estos tíos no siempre fueron así, aunque su decrépita imagen actual nos predispongan un poco contra ellos y les veamos más como un timo que como una banda de ROCK de verdad.

En realidad, no eran la banda de Jagger-Richards, eran la banda de un tipo de vida atribulada y gusto por el blues llamado Brian Jones. Fue Jones quien fue reclutando a esta gente por ahí, hasta montar una banda sólida que pronto se hizo famosa por su ritmo y blues en el club Crawdaddy. Jones era la figura central de aquella época, pero estaba medio loco (como luego se pudo ver) y no era de fiar, así que el manager que tomó el compromiso de lanzarles a la fama. un ex-empleado de la maquinaria Beatle llamado Andrew loog Oldham, decidió poner al frente al vocalista Jagger y al otro guitarrista Richards, que parecían algo más cuerdos y con los que se podía hablar.

Comenzaron lanzando en single sus piezas blues traídas del Crawdaddy que mejor podían pegar en las listas de éxitos. “Come On” fue el primer single, una buena versión de un tema de Chuck Berry, rebajada en calorías para consumo del público adolescente británico.

Andrew Oldham tiró de viejos amigos para el siguiente single. Todavía hay gente que habla de la rivalidad Beatles-Rolling de los Sesenta y de si se prefiere a unos o a otros (por qué puñetas no te pueden gustar los dos, es algo que se me escapa). Dicha rivalidad nunca existió y para muestra un botón: Oldham les pidió a Lennon y McCartney una canción para el siguiente single de los Rolling. Paul y john fueron a una sesión de grabación y escucharon al grupo tocando algunas cosas, para hacerse una idea de que era lo que tocaban. Se metieron en la habitación contigua y al de diez minutos salieron con “I Wanna Be Your Man”. Segundo single de los Rolling, éxito absoluto bajo el manto de la beatlemania, confirmación del grupo como ídolos de masas y comienzo de una relación con los Beatles en general bastante amistosa y de absoluta cooperación (se llamaban para programar las salidas de sus respectivos singles para no pisarse unos a otros).

A partir de ahí, fueron el “otro” grupo. Oldham les vendió una imagen de chicos malos, para contraponerlos a la imagen de chicos buenos que Brian Epstein había creado para sus Beatles. Eran todo imágenes. Cualquier padre británico hubiera preferido casar a su hija con los Rolling, que eran en su mayoría hijos de familias de clase media-alta, estudiantes en escuelas de arte y en general gente educada, de capital, que con los Beatles, a los que habían ido expulsando de todos los sitios (salvo a Paul, claro, que es muy guapo) y que mostraban un currículum cuando menos sospechoso, siendo de Liverpool (paletos del norte, una concepción que curiosamente todavía existe en Inglaterra respecto a la gente de Liverpool, Manchester o Newcastle), con acentos cerrados y raros y con padres autobuseros, en paro o directamente desaparecidos en combate (John).

El grupo siguió creciendo en popularidad y en calidad musical, con singles inolvidables como “Not Fade Away”, canción de Buddy Holly pasada por el tamiz de Bo Diddley, o “Little Red Rooster”. Siguieron fieles a su pasado blues, aunque empezaron a meter cosas soul y dejaron que otros portaran la llama del purismo (Los Yardbirds o los Pretty Things, entre otros). Sacaron sus primeros LPs (ojo con el primero, disco importántisimo, el mejor de esta primera época, imprescindible) y se hicieron famosos en Estartodos Unidos, donde arrasaba su imagen mundana y su blues cantado con acento americano.

Al principio se basaron en versiones (algunas de ellas geniales, como “Route 66” o “Mercy, Mercy”) pero en 1965 empezó la fiesta de Jagger y Richards,  que, bajo el látigo de Oldham y espoleados por la dupla Lennon/McCartney comenzaron a escupir singles de brutal factura como “The Last Time”, con letras más agresivas que las de los Beatles y con música menos melódica y más basada en riffs de guitarras de sabor negro.

Alcanzaron el Olimpo con la eterna “Satisfaction”, con una letra provocativa acompañada por una línea muy agresiva de guitarra, ensuciada por un fuzz (no recuerdo cual, si alguién me lo puede apuntar se lo agradecería y después me compraría uno, porque suena muy bien). Las siguientes fueron como balas de cañón, completando una gran trilogía con “Get Off Of My Cloud” y “19th Nervous Breakdown”. Se plantaron en 1966 sacando su primer LP con material totalmente original de principio a fin, el “Aftermath”, un disco curioso, con muy buenas ideas y varios ases en la manga en “Mother’s Little Helper”, “Under My Thumb” o la mantequilla de “Lady Jane”. Además, acompañaron tan magno acontecimiento con “Paint It Black”, con un sítar prestado del “Norweggian Wood” de los Beatles, y que siempre relaciono con la peli ésta de Coppola, a pesar de que no salía en esa película, sino en otra sobre el Vietnam.

En la cresta de la ola, fueron dejándose llevar por la indulgencia y decidieron convertir el grupo en una banda pop, a pesar de la resistencia de nuestro viejo purista del blues, Brian Jones. Mantuvieron el nivel con “Have You Seen Your Mother” y “Let’s Spend The Night Together” (que Ed Sullivan trató de convertir en “Let’s Spend Some Time Together” para el directo de los Rolling, pero luego los Rolling pusieron cara de malotes mientras la cantaban. En el video la cantan normal, para Top Of The Pops)

…pero perdieron el norte con los discos “Between The Buttons” y “Their Satanic Majesties Request” que, aunque contienen buenas canciones (“Connection” en el primero, “Citadel” y “2000 Light Years From Home” del segundo), palidecen un poco respecto al global de la discografía de estos Titanes del ROCK.

Por suerte, la recuperación de su forma en 1968 fue espectacular. Qué mejor forma de arreglar sus deslices pop con “Jumpin’ Jack Flash” (su mejor canción en opinión de éste vuestro humilde servidor), un prodigio del rock and roll, con un sonido excelente logrado por su nuevo productor, Jimmy Miller, que, como un escudero de caballero medieval, les sirvió hasta la muerte. Acompañaron su mejor single con su mejor disco, “Beggar’s Banquet”, donde volvían al blues, curiosamente con la aportación testimonial del paladín de la música negra en el grupo, Brian Jones, que estaba demasiado hecho polvo como para hacer algo. Disco redondo, no sobra nada ni tampoco destaca nada, aunque habría que subrayar la presencia de dos monstruos y pesos pesados: “Street Fighting Man” y “Simpathy For The devil”, himno extraoficial del grupo. Pero a mí me gustan “No Expectations”, con un slide maravilloso de Jones, y “Jig Saw Puzzle” y su in-crescendo.

Siguieron en forma durante 1969, con el discazo “Let It Bleed”, sólo un peldañito por debajo del “Beggar’s” y que contenía sensaciones como “Gimme Shelter”. Las cosas se torcieron un poco. Brian Jones abandonó el grupo y poco después murió ahogado en la piscina de su casa en circunstancias algo extrañas (vivía en la casa del creador de Winnie The Pooh, pero todos sabemos que Tiger había jurado no comerse a nadie). Lo sustituyeron por un crack, Mick Taylor, un tipo tranquilo que acabó hasta las narices de Jagger y Richards, pero ya no fue lo mismo. Durante los años 70, sacaron dos buenos discos (“Sticky Fingers” y “Exile On Main Street”), pero pagaron cara el letargo del heroinómano de Richard, cayendo en un conformismo sonmoliento que dura hasta hoy en día (y lo que nos queda).

Claro que con su historia anterior, a quién le importa el desastre en el que se han convertido…

Mr pHarmacist, Back From The Grave

Rodando piedras (Parte 3): The Beatles.

Objetos de los odios más enconados y de las admiraciones más profundas, los Beatles supusieron una ruptura en la música pop de la que hoy aún se sienten las consecuencias. Su época beat, la primera, es quizá la más vilipendiada, pero fue ahí donde se produjo la revolución más radical, donde se rompieron más esquemas. Y todo ello, sin dejar de ser maquinaria comercial de proporciones bíblicas, a la altura de la Britney Spears más vergonzosa.

Estos gigantes del pop empezaron su andadura en garitos de mala muerte tocando rock, pero pronto sus gustos evolucionaron hacia el soul de la Motown y de los discos de Atlantic y lo mezclaron todo con el pop blanco
y con un toque propio de ironía scouse. Cuando llegaron a los estudios de EMI, bajo la mirada severa de George Martin, todas esas influencias habían confluido en algo nuevo, en una sinergía de estilos. Pero GeorgeMartin no sólo se encontró con una nueva música, producto de otras ya conocidas; se encontró con cuatro chavales que tocaban y cantaban a la vez, algo que ya estaba “pasado de moda”, que llevaban cortes de pelo raros copiados de algún francés enloquecido; se encontró con cuatro personalidades bien definidas, cuatro individuos a vender, y no uno sólo, como Buddy Holly, Elvis o Gene Vincent, rodeados siempre de músicos anónimos. También se encontró con cuatro chavales que recién llegados a la veintena, se negaban a aceptar las normas y a tocar canciones de otros, tal era la confianza que tenían en su material.

Tuvieron la suerte los Beatles de encontrarse con George Martin. Cualquier otro les hubiera echado con cajas destempladas al negarse ellos a tocar “How Do You Do It”, de Mitch Murray, pero Martin les diola oportunidad de hacer algo con sus canciones y ellos les respondieron con “Please, Please Me”, que se catapultó al número uno de las listas (de algunas, al menos). Aunque era su segundo single, la esencia del beat juvenil de esta época está en esta canción: los incansables platillos de Ringo, que tan bien sonaban en los vinilos y que han perdido algo de fuelle en las remasterizaciones patosas a CD de la EMI; los coros entusiastas; el ritmo sin descanso; el jolgorio generalizado, cerca de la estridencia. Nada era nuevo, pero nadie lo había usado todo a la vez. Además de un sonido nuevo, la gente descubrió a cuatro jóvenes ingeniosos, siempre predispuestos a bromear con la prensa y con una sempiterna sonrisa en la boca ¿Quién no iba a quererlos?

Según iban aprendiendo más acordes de guitarra, sus canciones ganaron en sofisticación: “From Me To You” no era tan brillante como “Please, Please Me”, pero contenía enigmáticos acordes disminuidos en séptima menor, aparte de una maravillosa reverberación en la voz, obra y gracia de Martin, y un bajo retumbante, marca de la casa.

Se pensaron que iban a ser flor de un día, así que grabaron su primer disco en una sola y agotadora jornada en los estudios EMI. El disco resultante fue una maravilla y un prodigio del beat, rematado por una vibrante versión del “Twist And Shout” grabado en una sola toma que ha dado la vuelta al mundo. Además de la citada canción contenía otros temas imprescindibles para entender la primera época de los de Liverpool, con versiones impecables como “Baby It’s You” de las Shirelles o “Anna” del gurú Arthur Alexander. Remataron todo este material con canciones propias de Lennon/McCartney, siendo “There’s A Place” la más notable, pero nos regalaron a las generaciones siguientes “Misery” o la rockera “I Saw Her Standing There”. Imprescindibles.

Lejos de quedarse como unos one-hit wonders, triunfaron en el año 1963 con los singles “She Loves You” y sus afamados “yeah, yeah, yeah!” y con la energética “I Want To Hold Your Hand”, con una de las guitarras más ineptamente encantadoras de Harrison, más notable en la versión stereo (como siempre en estos casos, haríais mejor en recurrir a las versiones mono en primer lugar, porque las stereo son de dudosa factura). Si alguién sabe que estaba haciendo el bueno de George en esos momentos, que nos lo cuente. Además, acompañaron estos singles con un segundo LP en el que rompieron de nuevo moldes. En la portada se veía a los cuatro Beatles sin sonreir en una dramática foto en blanco y negro (reminiscencias del monocromo de los discos de jazz de Blue Note). Además, el disco no contenía ningún single de éxito, lo que era otro paso adelante de esta gente (aunque salió con el soporte extraoficial del éxito de “She Loves You”, a pesar de ni venir ésta incluida). El disco era tan bueno o mejor con el primero, destacando el inicio a cargo de Lennon (la esencial “It Won’t Be Long” y su primera canción “grande”, “All I’ve Got To Do”). McCartney también estaba acertado con la sempiterna “All My Loving”. Hasta Harrison debutó como compositor en la infravalorada “Don’t Bother Me”. De nuevo, incluían una mitad de composiciones externas, con “Please Mr Postman” de las Marvelettes a la cabeza. También incluyeron su versión beat de “I Wanna Be Your Man”, el tema que habían donado a los Rolling, cantada por Ringo.

Franz Ferdinand destrozando “It Won’t Be Long” en directo (perdóname, Curtis)

1964 fue el año de su consagración y de la confirmación de su fenómeno. Pasaron la primera mitad del año grabando su primera película. Avergonzados por las películas del ídolo de su adolescencia (Elvis) trataron de buscar un guión fresco y algo rompedor. El resultado fue “A Hard Day’s Night”, que llegó a España y demás paises castellanoparlantes con el enigmático título de “¡Qué noche la de aquel día!”. El film fue dirigido por un director con bastantes ideas llamado Richard Lester, que fue capaz de captar la esencia de 48 horas en la vida del grupo en un guión de hora y media. El resultado, una película con algunas escenas antológicas (la rueda de prensa) y sin pastel añadido (no hay historias de amor…ni siquiera hay historia) y en la que los cuatro tienen protagonismo (aunque Ringo sobresale). Eso sí, hay que verla subtitulada, porque es un festival de humor scouse de principio a fin.

Las canciones estuvieron a la altura, desde el ya legendario acorde de guitarra de 12 cuerdas al principio de la incansable “A Hard Day’s Night”, hasta la sutil balada “And I Love Her” pasando por “Can’t Buy Me Love”. Por alguna razón, en EE.UU. salió la cara B del disco de la banda sonora rellenada con instrumentales de Martin para la película. La Cara B de UK y la que nos ha llegado a nosotros vino con 6 canciones más que no salieron en el film pero que resultaron ser mejores que las incluídas en la banda sonora. Lennon estuvo particularmente inspirado, con “Any Time At All” y la agridulce “I’ll Be Back”, pero “Things We Said Today” y la funky “You Can’t Do That” sobresalían también respecto a la cara A. Con este disco también abrieron alguna barrera que otra, ya que Lennon y McCartney compusieron ellos solitos las 13 canciones del disco.

Ese verano de 1964 lo pasaron en gira por los Estardos Unidos y se notócierto cansancio en los Beatles. La segunda mitad del año fue decepcionante en lo artístico. “I Feel Fine” tenía un buen riff, pero la canción no daba para más y el álbum acompañante, “Beatles For Sale”, rezumaba hastío. Lennon estaba particularmente sombrío, con “No Reply”, “Baby’s In Black”, I’m A Loser” y “I Don’t Want To Spoil The Party”, buenas canciones pero muy contrastadas en tono con sus trabajos anteriores. McCartney estuvo más flojo y el LP además incluyó un montón de versiones intrascendentes. Primer fiasco.

Parecía que su estrella se apagaba. La siguiente película, “Help”, de 1965, resultó ser una estraña historia de tintes surrealistas incomprensible para los jóvenes fans del grupo. Lennon era infeliz y se sentía todavía en “Help” o “You’ve Got To Hide Your Love Away”, muy influenciado ya por Dylan. Por suerte, nos regaló “Ticket To Ride” (y su playback).

McCartney más flojo, como casi siempre, aunque respondió con una vuelta al beat sin descanso de los primeros días con “The Night Before” y, aunque no apareciera en la película, con la baladilla “Yesterday”, que al principio se titulaba “Scrambled Eggs”. El verano de 1965 hicieron otra gira por los Estambos Tullidos y volvieron con la inocencia perdida.
Durante el otoño de ese mismo año dieron carpetazo al beat y grabaron su primera obra magna de la edad adulta, el hermoso y agridulce “Rubber Soul”. Pero éso ya es historia de la Era Pop.

Mr pHarmacist

P.S: NI SE OS OCURRA COMPRAR CDS DE LOS BEATLES. Bajaos las canciones, pedídselos a vuestros padres o amigos o robadlos, lo que consideréis oportuno. Discos de 30 minutos a precios escandalosamente altos es un robo a mano armada. Los discos son escucha obligada pero se desaconseja su compra hasta que EMI baje el precio o se decidan a incluir unos jugosos extras en forma de singles y rarezas y unas notas en el CD dignas. Esperamos noticias, pero no se ve nada en lontananza.

Rodando piedras (Parte 4): The Hollies.

La mayor parte de los norteños que a principios de los sesenta invadieron Londres (y después el mundo entero) con su beat imparable; procedían de la zona de Liverpool, pero otros bajaron de Manchester o de Newcastle, armados de acento impenetrable y encanto de provincias. Los Hollies venían de Manchester, pero musicalmente no se diferenciaban mucho de sus vecinos de la desembocadura del Mersey (de hecho, este río transcurre por el sur de la ciudad de Manchester).

Tuvieron que pasar el trago de sustituir a los Beatles en The Cavern, cuando éstos se hicieron famosos y abandonaron su base de operaciones en Liverpool. Compartían además muchas influencias con los Fab Four: algo de R & B primigenio, el rock and roll pre-mili de Elvis y sobre todo los nuevos sonidos soul, de la Motown por una parte y del sur de Estamos Unidos por otra. Los Hollies cultivaron una faceta algo maś melódica del Merseybeat, gracias sobre todo a la voz profunda de Allan Clarke, su cantante, y de Graham Nash, su guitarra rítmica y voz de apoyo angelical. Pronto se les unió Tony Hicks, una leyenda mancuniana a la guitarra y que actuaba como tercera voz. Sus armonías pasaron a la historia del pop como algunas de las mejores muestras de voces (blancas).

De The Cavern saltaron a EMI, como Gerry and The Pacemakers o los mismos Beatles. Al principio se basaron en versiones de canciones soul, que pegaban muy bien con su sonido, y tuvieron un primer éxito a finales de 1963 con su versión beat de “Stay” famosa balada para dos y de la que conocemos innumerables versiones. Su primer disco se titulaba “Stay With The Hollies” (por supuesto) e incluía el single y un montón de animadas versiones, muchas de ellas compartidas con otros grupos del merseybeat o incluso del R & B londinense: “Mr Moonlight” (The Beatles), “You Better Move On” (Rolling Stones) y “Talkin’ About You” (Rolling Stones también), “Watcha Gonna Do About It” (The Small Faces).

Fueron puliendo su sonido durante 1964, apoyados por éxitos como “Just One Look” o sobre todo “We’re Through” con sus palmas y su infatigable beat. Así abrieron camino sobre sus competidores, paisanos (Herman’s Hermits y su pop empalagoso) o no. Sin embargo, fue 1965 el año de su despegue artístico. Nunca fueron unos rompedores en términos musicales, pero la altura a la que llegaron entre 1965 y 1966 es difícil de superar. “Yes I Will” o “I’m Alive” son obras maestras del pop luminoso, con las tres voces cantantes de los Hollies elevándose al infinito en cada estribillo arrebatador. Además, empezaron a hacer sus pinitos como compositores, en caras B o en temas de LPs, destacando la estremecedora “So Lonely”. A mí todavía se me pone la carne de gallina cuando oigo “Look Through Any Window”.

Sus discos de larga duración también ganaron en calidad durante ese año. Su tercer disco fue titulado “Hollies” y supuso un salto de calidad. Contenía un buen mix de versiones (tremenda “Very Last Day” o “You Must Believe Me”), pero lo complementaron con un buen montón de temas propios, destacando “Too Many People”, una dramática canción sobre la superpoblación (¿de qué iba a cantar un mancuniano?)

En 1966 no sólo no cejaron en su empeño por mejorar, sino que redondearon el año con números uno a-go-go y su consagración como uno de los grupos importantes de Inglaterra, ahora que el Merseybeat había pasado de moda y sus grupos eran olvidados por la masa de corta memoria. En lugar de buscar su inspiración en la India o en músicas sofisticadas, los Hollies sublimaron el pop y lo llevaron a cotas que Britney Spears ha reducido a la nada. “Bus Stop” fue la primera canción que oí de ellos, hace bastantes años (demasiados), pero todavía me acuerdo de aquella primera vez. Tuvieron otro número uno con “I Can’t Let Go” y que me aspen si el batera no se sale en en esta versión en directo:

Además sacaron ese mismo año su mejor LP, “For Certain Because”, firmado completamente por Clarke-Hicks-Nash, con muchos arreglos y pop sofisticado: a veces insistente bossa-nova (“Tell Me To My Face”), a veces sonido de big band (“What Went Wrong”), acompañados de canciones tristes (“Crusader”) y del inmaculado Pop con mayúsculas propio de la casa (“Suspicious Look In Your Eyes” o “Peculiar Situation”), junto con el éxito del momento (“Stop, Stop, Stop” y su exótico banjo eléctrico)

El año 1967 se transformaron en unos zíngaros de lujo, con discos de flower-pop y una música ligeramente más progresiva, aunque seguían brillando con su pop sin ataduras hippies (“Let The Heartaches Begin”, “Have You Ever Loved Somebody”, que habían donado a los Searchers, “Games We Play” de su album Evolution). Tuvieron algunos éxitos con singles algo menos interesantes que los del año anterior (“Jennifer Eccles”, “Carrie Anne”), pero tropezaron con “Butterfly”, un buen disco al que le faltaba otro fracaso comercial, “King Midas In Reverse”. Clarke decidió retomar los mandos de la nave y volver al pop que tanto éxitos les había dado en el pasado. Nash prefirió sacar sus temas y seguir progresando musicalmente. El resultado, el predecible: Nash abandonó el grupo y grabó sus canciones con Crosby, Stills y Nash (y luego Young). The Hollies siguieron su propio camino, pero con poca chicha y recurriendo a material muy blandengue e indigno de esta nuestra serie de colosos del pop-rock.

Mr pHarmacist

Rodando piedras (Parte 5): The Pretty Things.

The Pretty Things empezaron su carrera siendo más Rolling Stones que los Rolling Stones y acabaron su época gloriosa adelantándose un año a la ópera-rock Tommy (lo que podíamos describir como ser más Who que los Who) ¿Cómo narices se convierte un grupo de puristas raíces blues en una banda avant-garde con gusto por los arreglos y tono progresivo? No tengo ni idea, pero su historia comienza aquí y ahora. Mr pHarmacist…where the action is!

…que podíamos castellanizar/españolizar como “Señor Farmaceútico ¡allí donde está la acción!”

…o también “Señor Farmaceútico, ¡hasta el infinito y más allá!”

…o “Con ustedes la rana Gustavo, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo!

Si los Pretty Things eran más rollingstonianos que los Rolling Stones y sonaban a lo que Jagger y Richards & Co. habían sonado antes de grabar sus primeros singles, los Rolling Stones sufrieron una mutación musical que les convirtió en una especie de Dioses del Pentagrama horas antes de poner en vinilo su “Come On”. Porque los Pretty Things eran malos tocando. Pero malos con cojones, como el “Grupo Salvaje” de Peckinpah o Darth Vader. Técnicamente aquello era un desastre, pero musicalmente eran destructivamente atractivos. Exploraron la cara más amarga y oscura del blues negro, lejos de las veleidades soul de los Beatles o las ocasionales concesiones al pop y al R&B ligero de unos dulcificados Rolling Stones. Su primer single, “Rosalyn” fue escupido por los Pretty Things hasta el nº 41 de las listas, pero causaron sensación con sus cabellos (¡ahora con largura extra!), sus pintas de desarrapados o desharrapados y su sonido sucio y estridente, que tuvo una influencia enorme en grupos posteriores, tanto de garaje sesentero (ver Odisea del Garaje) como en olas sucesivas en la costa del ROCK (MC5 y los Stooges primero, el punk más guarro de los Sex Pistols después). Vivían todos juntos, a lo comuna proto-hippy, en una casa de Belgravia, el barrio rico de Londres (y éso es ser muy rico), y asustaban a las chavalas cuando volvían a sus casas tras una soirée inolvidable en el club de hípica.

En cierto modo, el rock democratizó durante unos breves meses las estratificadas clases de la Pérfida Albión, ya que el dinero llevó a todos estos bohemios y demás morralla social a estos barrios opulentos. Y los jeques árabes y demás magnates del óleo elemento se tuvieron que fastidiar, porque los Pretty Things tuvieron un segundo éxito con su segundo single, “Don’t Bring Me Down”, tan deliciosamente inepta como su primera canción, pero mucho más exitosa, llegando hasta el número 10. A partir de aquí, fama, dinero y éxitos a cascoporro, destacando, en mi humilde opinión y desde éste que ni siquiera es mi blog, “Midnight To Six Man”, que mostraba un mejor sonido en un tema arrebatador acerca del estilo de vida de los mod (duermo de día, la monto de noche). No fue la única referencia a la cultura mod del grupo, que gustaba de usar los famosos sombreros pork pie hat que gastaban los rude boys jamaicanos (es decir, del East End londinense). Otro aspecto de los mod que incorporaron al grupo fue el tema del reparto de leches, con su batería Viv Prince (una especie de Brian Jones a las baquetas) siendo vapuleado por un boxeador amateur danés.

Además de sus temas de éxito, sacaban buenas cosas y mostraban consistencia en el material llamémosle secundario; me vienen a la memoria “I Want Your Love” y la excelente “L.S.D”, que no trataba de drojas en el colacao (al menos directamente), sino de “Librae, Solidii, Denarii” o “Pounds, Shilling and Pence” o PASTA (dejo el tema de las monedas romanas para La Chica que Salió de la Tarta). Como decían en esta canción, “I say talk is easy, money’s never free”, un poco en la línea del clásico de Berry Gordy y la Motown, “Money” (accidentalmente, los Manfred Mann sacaron por la misma época otro tema sin relación alguna titulado de la misma manera y compartiendo raíces blues, pero sin el doble sentido). Otras para mí imprescindibles son la chulesca “Get The Picture”, “Keep Your Big Mouth Shut” (un equivalente elegante al STFU de la jungla de los foros de nerds anglosajones) y “You Don’t Believe Me”, aparte de algunas locuras plagadas de fuzz o no, todas perpetradas por Phil May y Dick Taylor, su cantante melenudo y su guitarrista barbudo respectivamente (Dick Taylor fue el guitarrista de los primeros Rolling Stones, por cierto).

De pronto, en 1966, dieron un cambio y se pasaron a un sonido más aparatoso, con trompetas, cuerdas y demás parafernalia, para su tercer LP. Hay quien dice que se vendieron al Gran Capital, otros que la orquesta tapaba las deficiencias de un material subitamente popero y de discutible calidad, y hay unos terceros que dicen que el Mágico Víctor pincha aún en la Madalena Lisérgica. Como diría Curtis en su vena más bucólica y pastoril, “hay gente pa’ tó”. Debacle y pecado capital, del que los Pretty Things fueron absueltos gracias a lo que ahora trataremos. Lejos de volver a sus raices, como hicieron los Rolling o Dylan o los Byrds o los Beatles, crearon la primera ópera rock, definida ésta como un conjunto de canciones de corte rock entrelazadas entre ellas musical y argumentalmente (bla, bla, bla…la definición es mía, todos tenemos una). Los Pretty Things llamaron a la suya “S. F. Sorrow” y se adelantaron un año a los Who (estamos ya en 1968), también en el aspecto de no entenderse absolutamente nada de lo que te están contando (narrativa moderna). En lo musical, la ópera cuenta con algunos momentos sublimes, entre el hard-rock y la psicodelia, siendo mi preferida la primera, titulada apropiadamente como “S.F Sorrow Is Born”. Más interesantes son el par de singles que precedieron a la aparición del S. F. Sorrow y que afortunadamente podemos disfrutar ahora como temas extras del CD (o de la correspondiente descarga del emule en algún formato de compresión de dudosa calidad…pero para escucharlo en la mierda del Ipod tampoco importa mucho). Las caras A de los singles fueron “Defecting Grey” y “Talkin’ About The Good Times”, pequeñas gemas de psicodelia británica primeriza a lo Pink Floyd de la época Barrett. A mí me gustan más las caras B, “Mr Evasion” y, sobre todo, “Walking Through My Dreams”, el punto culminante de esta época de los Things. A partir de ahí fueron desapareciendo del mapa, aguantando algo con el siguiente album, “Parachute”, pero sin vender nunca demasiado. La sombra de “Tommy” se hizo pronto muy larga y los Pretty Things bajaron a los infiernos de la mano del Barón Saturday. Todavía andan por ahí. Goodbye, Pork-Pie Hat.

Mr pHarmacist.

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