Viviendo en la Era Pop

Viviendo en la Era Pop (Parte 1): The Easybeats

THE EASYBEATS (1965-1969)

Ah, los Easybeats…¡la efervescencia pop! Las crónicas dicen que eran australianos, pero como buenos australianos ninguno había nacido en la tierra de los marsupiales variados (assorted marsupials). Eran tres inmigrantes ingleses y dos holandeses (no-marsupiales) que se conocieron en un albergue para muertos de hambre en algún lugar de Australia. Decidieron montar un grupo de música para librarse del destino que les había deparado la vida en una cadena de producción o recogiendo excremento de canguro para abono; los Beatles arrasaban entonces y los Easybeats (uno de los mejores nombres de grupo que puedo recordar aparte de…sí, ése…cómo se llamaba….) decidieron seguirles la onda y transformarse en los nuevos héroes de la clase trabajadora australiana (working class kangaroos). Los lideraba un tal George Young, hermano mayor de los tipos de AC/DC (el del traje de colegial y el maromo al bajo); se dejaron el pelo largo y comenzaron a componer canciones a mansalva. La industria los maltrató: en cuanto los primeros singles arrasaron en parte del hemisferio austral (Top Ten en la Patagonia), sus managers les encerraron bajo llave en el estudio y los obligaron a trabajar duro y sin descanso, algo parecido al frenesí de los Beatles del 63-65. Conciertos, estudio, promoción, conciertos, estudio, promoción…ciclos y ciclos sin descanso. A ellos les daba igual, porque ganaban pasta gansa, pero dice más bien poco de los tipos de la industria musical, incluso por aquel entonces, cuando la industria aún era inocente (figuraos cómo será ahora, en la época del ídolo fugaz y del ipod molante).

Empezaron tímidos, con canciones al uso, pero pronto cogieron su propio estilo y sólo hay una manera de describirlo: DINAMICO. Sí, sé que opináis (vosotros y Matt Groening) que la palabra “dinámico” es una de esas que usan los ejecutivos, que no quieren decir nada y sólo maquillan algo que no entienden. pero no es éste el caso. Escuchad “Wedding Ring” si queréis saber lo que es un bajo a toda pastilla, con un riff hipnótico de fondo…en su segundo LP, titulado “It’s 2 Easy” (haha), demostraron gran talento para el tema éste de la música y fue el que marcó su estilo definitivamente, a pesar de éxitos anteriores como “She’s So Fine”. De esa época es otro de sus mejores temas, “I’ll Make You Happy”, también “Women” o “Sad And Lonely And Blue” o mil más. Para entonces eran los tipos más famosos de Australia y las fans los amaban, a pesar de que eran más feos que picio.

Pulieron su estilo con “Volume 3” y sensaciones como “Sorry”, “You Said That” o “Going Out Of My Mind” y, a finales de 1966, decidieron dar el salto y se mudaron a Londres, donde nadie sabía nada de ellos. Para entonces George Young ya colaboraba con el otro guitarrista, Harry Vanda, y formaron un tandem de esos a la altura de Lennon/McCartney, Jagger/Richards y Ray Davies y…mmmmmhh…¿su mujer?…Les producía Shel Talmy, que era un tipo que había llevado a los Kinks o a los Who. Con él grabaron “Friday On My Mind”, un himno de lo proletario que reunía lo mejor de los Easybeats en dos minutos y medio y un estribillo que quedará para siempre en nuestros oidos. Dios Salve a los Easybeats; hasta Bowie la grabó años después en su LP-homenaje “Pin Ups”. La canción fue un jit inmediato y pronto volvieron al trabajo de 25 horas al día (Eight Days A Week?), con más giras, más presión y más disgustos. Afortunadamente, Vanda/Young eran una máquina de componer y sus canciones fueron grabadas hasta por Los Bravos (“Bring A Little Lovin'”..dame un poquito de amooooor!). Empezaron a experimentar algo más (musicalmente) y se volvieron ambiciosos (musicalmente), hasta grabar “Heaven And Hell”, otro hito (musical) en su carrera. Desgraciadamente, “Heaven And Hell” también marcó el comienzo de su declive,ya que la canción tuvo problemas con la censura en USA (para variar) y no llegó a ser un gran éxito.

Vanda y Young trataron de salvar los papeles metiéndose en el estudio y pariendo en 1968 su LP “Vigil”, pero los resultados pasaban de lo sublime (“Good Times”) a lo directamente desastroso (“Come In You’ll Get Pneumonia”) y abusaron de las baladas (“Hello I Love You” fue su último éxito importante). A partir de ahí se fueron deshaciéndose como un azucarillo y Vanda y Young pasaron a proyectos alternativos durante los setenta (producir a AC/DC, entre otras muchas cosas); los demás acabaron de albañiles o de Camilo Sestos a la australiana (versión aussie de Jesucristo Supermegacrack), hasta su reunión (musical) en 1986. Tal reunión (musical) seguramente fue funesta para el mundo del rock, pero siempre nos quedará para el recuerdo su actuación en Beat Club germano tocando en directo su maldito himno a esos tipos que se pasan toda la semana esperando la llegada del viernes y la juerga báquica reglamentaria. Señoras y señoras, con ustedes los Easybeats…”Friday On My Mind”

P.S: Gracias al tipo de los Flechazos (mmmhh…¿Alejandro Díez?) por el título de esta serie…espero que no se entere y me demande…

Mr. Pharmacist

Viviendo en la Era Pop (Parte 2): The Kinks

THE KINKS (1964-1982)

Desde los suburbios de Londres, desde los barrios de la clase media-baja británica, desde sus casas de dos pisos idénticas en barrios sin personalidad alguna, llegaron los hermanos Davies (Ray, de 20 años, y el petardo de su hermano, Dave, de 17) para revolucionar esto de la música pop. En lugar de llevarles a Highbury Park todos los sábados a ver al Arsenal, sus padres les compraron un piano y los hermanos hicieron sus primeros pinitos con la guitarra. Luego se ligaron a dos tipos, Mick Avory y Pete Quaife, para que tocaran la batería y el bajo más o menos respectivamente y montaron los Kinks.

kink  n (en una cuerda) vuelta
(en el pelo) rizo
(emocional) trauma, manía

Extraído de word-reference…Los Kinks estaban locos, pero de momento tocaban R&B convencional, versiones de Chuck Berry y demás clásicos del rock. Su primer single fue “Long Tall Sally”, pero pronto Ray Davies covenció a su productor Shel Talmy para grabar una composición propia. Ésa fue “You Really Got Me” y lo que siguió es HISTORIA. Con dos acordes inventaron el heavy, el punk, el garaje y el AHSID-JAUS y se forraron, ya que la canción fue todo un éxito. Aquello sonaba guarro (sonido de ampli Vox), pero estaba muy bien y estuvo mucho mejor cuando sacaron “All Day And All Of The Night, que era mas de lo mismo, pero mejorado…aquí podéis ver a Dave Davies con su Epiphone Casino metiendo la gamba en una actuación en directo (segundo estribillo, antes del solo…):

Ray Davies se hizo con el timón de la nave kinky y comenzó a escupir éxitos uno detrás de otro, si bien fueron dulcificando el sonido (“Tired Of Waiting You”). Grababan canciones como churros y también componían canciones para otros, eran como máquinas. Pero también supieron evolucionar. Mientras los Beatles y los Rolling se desquitaban de sus frustaciones musicales en la psicodelia y la música hindú, los Kinks volvieron a casa y anglificaron hasta el extremo su música, ya en piezas como “Dedicated Follower Of Fashion” (1965), una broma “cockney” acerca de todo lo que rodeaba a Carnaby Street y al mundo de la moda.

El LP “Face To Face” (1966) supuso el mayor giro hacia el music hall y otras músicas tradicionales inglesas. Aún tenían temas de rock explícito como “I’m Not Like Everybody Else” o “Party Line”, pero ya dominaban los mordaces comentarios acerca de la clase alta (“Most Exclusive Residence For Sale”, “A House In The Country”), emotivos recuerdos de su hermana en Australia (“Rosie Won’t You Please Come Home), homenajes a los músicos de sesión (“Session Man”) y, por encima de todos, ese himno encantador a la vagancia y a la molicie, a la desidia y a la dejadez gozosa, “Sunny Afternoon”, que arrasó en las listas y que confirmó a Ray Davies como uno de los grandes autores de la historia del rock. Pero afortunadamente aún quedaba bastante más.

El período 1966-1967 fue intenso para los Kinks. A “Sunny Afternoon” le siguió “Dead End Street”, con los parias de la Tierra y un video promocional dirigido por el mismísimo Ray (¿os imagináis a Doña Spears dirigiendo uno?):

Después vino otro agridulce retrato de un Don Nadie en “Mr Pleasant” y editaron su disco “Something Else”, que fue su mejor larga duración y que además contenía su mejor canción, dos minutos de candor y ternura londinense llamados “Waterloo Sunset”; a pesar de, o quizá debido a, su sencillez la CANCIÓN de éste que les escribe, hasta el punto de haber paseado junto a la Señora Farmaceútica por el puente sobre el Támesis de la canción en un viaje a Londres, en pleno momento FRIKI musical. Pero “Something Else” no era sólo “Waterloo Sunset”, tenía también relatos a todo galope sobre niños odiosos (“David Watts”), odas a la vida tranquila en clave melancólica (“Afternoon Tea”), pequeñas maravillas de bossa-nova (“No Return”) y retratos de yernos y suegras y perros-patada que se te encaran (“Situation Vacant”). Ray Davies se había convertido en un observador de la vida y todas sus canciones en tercera persona contaban historias sobre la “otra” Inglaterra, algo que intentó hacer (bastante peor) Paul McCartney en su última época con los Beatles.

A “Waterloo Sunset” siguieron otras joyas de un Ray enrachado como “Autumn Almanac” o “Wonderboy”, con mención especial para la tierna “Days”, que fue acompañada de un ambicioso album conceptual con tintes ecologistas llamado “Village Green Preservation Society”, influido por “Under The Milk Wood” de Dylan Thomas y un homenaje al té de las cinco, a las locomotoras de vapor y a la tranquila vida en la campiña inglesa. Luego, en colaboración con un escritor, se embarcó en una desmitificación de la Inglaterra post-victoriana en una serie de canciones a las que llamó “Arthur Or The Decline And Fall Of The British Empire”. En principio, debía ser la banda sonora para algún tipo de programa en la BBC, pero todo se canceló y se fue al carajo y los Who tuvieron tiempo para editar su opera-rock “Tommy” antes, lo que relegó a la obra de los Kinks al ostracismo, bajo la etiqueta de oportunista. Pero el “Arthur” contenía temas de inconmensurable calidad como “Victoria” y la excelsa “Shangri-Lah” y ha envejecido mejor que el LP de los Who y sus putas trompetitas de los cojones (metételas por el culo, Pete).

A partir de ahí, los Kinks fueron perdiendo gas poco a poco, aunque Ray Davies conservó y conserva destellos de genialidad. En 1970 editaron “Lola”, su último gran tema sobre un pueblerino (¿Paco Martínez Soria?) seducido por un travesti, pero los discos eran cada vez peores. Luego Ray se perdió en una maraña de discos conceptuales y de óperas rock, ocasionalmente salpicadas de discos de mejor calidad. Dave se dedicaba al heavy y a dar la paliza al personal.

Reivindicados por los Jam (“David Watts”) y los Pretenders (“Stop Your Sobbing” y la relación entre Ray y Chrissie Hynde, de la que nació algún vastago de Ray y Chrissie de sexo no conocido), los Kinks renacieron cual vulgar fénix de sus cenizas. En 1982 tuvieron éxito con su remake de “All Day And All Of The Night” titulado “Destroyer” y su bailongo “Come Dancing”, recordando las verbenas de tu pueblo. Sus directos aún sonaban potentes. Luego volvieron a desaparecer en aguas calmadas, con esporádicos proyectos de los hermanos. Aún resuenan sus ecos en bandas de la decada de 1990 como Blur (“Country House”, “Charmless Man”) o los pesados de los Gallagher (“Married With Children”), pero nadie más se acuerda de ellos, aunque estuvieron al nivel de los Rolling Stones y muy cerca del Olimpo (Beatles finales del 65-66).

Mr Pharmacist, God Save The Kinks!

Viviendo en la Era Pop (Parte 3): The Move

THE MOVE (1966-1971)

Birmingham es la segunda ciudad del Reino Unido, por delante de Manchester, Glasgow o Stratford-Upon-Avon, pero, por alguna razón, que la distancia geográfica y espiritual nos impide reconocer, es una mierda de sitio. Hasta los equipos de fútbol son una mierda (si exceptuamos una Intertoto que ganó el Aston Villa…por no hablar del Birmingham City). En música no podían ser menos. Mientras que ciudades más pequeñas y menos importantes como Liverpool o Manchester se hinchaban a dar al mundo grupos memorables y no tan memorables, poca cosa salió de la ciudad que nos ocupa. Poca cosa hasta que los Move aparecieron por el panorama musical en 1966 con “Night Of Fear”. Los Move eran un conglomerado de lo mejorcito de las bandas de la región. Eran cinco tipos que estaban hartos de tocar las mismas versiones todas las noches y querían componer y abrirse a nuevos sonidos. Así que montaron The Move, con su guitarrista y cantante Roy Wood a la cabeza. Aunque influenciados por los Love y gente como los Byrds, su sonido era británico y popero en su primer single, que era una canción sin más historia hasta que fusilaron el riff de  la “Overtura 1812” de Tchaikovsky y lo metieron por ahí para darle gancho. El resultado fue un nº 2 en las listas y su confirmación. Tenían un manager que estaba aún más loco que ellos y que les hacía vestirse de gangsters, quemar efigies de Hitler en los conciertos, destrozar sets de TV y una infinidad de tonterías que al principio ayudaron y que luego resultaron un engorro (¡seguid leyendo!). Por suerte, detrás de todas las tonterías de Tony Secunda (hasta su nombre era de gangster), seguían produciendo buenas canciones bajo la dirección del zumbado de Roy Wood. Su segundo single era un pedazo de canción titulado “I Can Hear The Grass Grow” que, milagrosamente, se salvó de la quema de la censura y les confirmó como uno de los grandes grupos de 1967.

Para su tercer single empezaron a cagarla. Musicalmente, “Flowers In The Rain” era tan buena o mejor que “I Can Hear The Grass Grow” y el grupo avanzaba a pasos agigantados, con inclusión de instrumentación adicional, etc., y además fue la primera canción pinchada en la BBC 1…pero la promocionaron con una foto de Harold Wilson (primer ministro por aquel entonces) en la cama con su secretaria. Todo acabó con juicios y los royalties de Roy Wood dirigidos a Beneficencia (así, con mayúsculas). Siguieron en forma con singles como “Fire Brigade” (con un riff-homenaje a lo Summertime Blues en el estribillo) y un LP acompañante a la altura de sus exitosos singles, pero Roy Wood todavía se acuerda de ello cuando paga la factura de la luz. Como decía el ya difunto carl Wayne, “si quieren quedarse con los royalties, por mí vale, tengo pasta de sobra…pero que me dejen elegir a quién se lo dono”.

El bajista, Ace The Face, dejó el grupo entonces porque se volvió loco y colocaron al guitarra rítmica Trevor Burton en su lugar. 1968 fue un año bastante tranquilo y de poca actividad, acabando el año con la grandiosa “Blackberry Way”, la respuesta oscura de Roy Wood al “Penny Lane” de McCartney, que llegó al número uno en diciembre.

El grupo había ido avanzando poco a poco a medida que avanzaba su historia y se acumulaban los reveses. Dejaron de lado las composiciones de dos minutos destinadas a singles y similares y pasaron a hacer arreglos elaborados de canciones propias y ajenas, donde mezclaban ragas y cantatas de Bach sin apenas pestañear. “Something Else”, un EP en vivo, donde daban a conocer al público inglés a los Love con su versión de “Stephanie Knows Who”, los mantuvo en el candelero, hasta que editaron “Shazam” (1970), un gran disco con seis largas canciones, salpicadas por entrevistas en directo, micrófono en mano, a taxistas y señoras que pasaban por la calle y extractos de obras clásicas. Roy Wood, que ya se parecía más el druida Panoramix que al Roy Wood que parió su madre, empezó a recuperar para su grupo el rock sencillo de los años 50 con composiciones proto-heavies como “Brontosaurus” o “When Alice Comes Down The Farm”. Carl Wayne ya había abandonado el rollo porque no le molaba el asunto y prefería el cabaret o el blues, según a quién preguntes. Así que Roy fichó de The Idle Race (otro grupo de Birmingham) a un colega llamado Jeff Lynne, del que decían que tenía el mismo toque que McCartney para las melodías (lo que no acabo de entender es qué tiene de bueno ésto). Juntos montaron el siguiente proyecto, Electric Light Orchestra, más conocidos como ELO, y fueron abandonando a The Move, declarando que querían empezar de donde “I Am The Walrus” dejó al rock, antes de su degeneración. Para financiar su primer disco con ELO, sacaron el último con The Move, titulado “Message From The Country”, que también está muy bien (Tremenda “The  Minister” y la melancólica “No Time”) y que terminó de manera digna  la historia de estos venerables Druidas del Rock. Atención también a los singles de la época, “Chinatown” y el pastiche de Little Richard “California Man” ¿quién dijo que Birmingham no había dado nada al mundo?

http://en.wikipedia.org/wiki/Birmingham

Mr. Pharmacist

Viviendo en la Era Pop (Parte 4): The Small Faces

THE SMALL FACES (1965-1969)

Mientras que los Who eran una panda de cazurros a los que sus managers habían vestido a la moda, los Small Faces eran los MODS, eran los MODS, los MODS, los MODS por excelencia. Tan MODS eran que su primer contrato estipulaba una mini-asignación semanal para poder comer, coger el metro hasta el estudio de grabación y pagarse un colchón en el que dormir y les daba barra libre en las tiendas de moda de Carnaby Street (Chenoa y su cuenta abierta en Zara y en Women’s Secret….). Así eran ellos: les gustaba el soul, las tías, los trajes y las anfetaminas, pero pronto se cansarían de todo aquello (bueno…no de TODO). Para un mod, “Face” es una persona que sobresale sobre el resto, popular. Además, eran todos bastante enanos…¿hace falta decir más?

Los Small Faces eran cuatro tipos de los barrios obreros, que hablaban algo que tenía poca relación con el inglés por todos conocido. Les gustaban las vespas, Otis Redding y sólo pensaban en el fin de semana (algo similar al hedonismo cretense que termino con unas cuantas civilizaciones de la isla). Los Small Faces eran, sobre todo, Steve Marriott y su voz resacosa a la guitarra (había sido una especie de Shirley Temple a la inglesa en series de la BBC) y Ronnie Lane al bajo (conocido como “Plonk”por su falta de pericia para tocar el susodicho instrumento). Tenían un organista abrasivo (sonaba algo así como un portero automático)  un batería y con ellos fueron tocando por ahí hasta que Don Arden y Decca se fijaron en ellos. De la nada a la gloria, en unas semanas estaban vendiendo discos como churros con “Watcha Gonna Do About It”, con un riff sospechosamente parecido al “Everybody Needs Somebody” y todos los ingredientes del sonido de los primeros Small Faces: la voz de cazalla de Steve Marriot y el soul/R&B pasado por unos amplis de facturación británica cuya marca no puedo nombrar a todo volumen, todo esto interpretado por enérgumenos. Las cosas fueron bien también para singles como “Sha-La-La-Lee”, brutal intento de hacerles ídolos de masas que salió bien, y una de sus más brillantes canciones, la efervescente “Hey Girl”, uno de esos temas que hace que el CD y la remasterización digital suenen al lado del vinilo original como un caseto TDK de 120 minutos pasado una y otra vez por el vetusto loro de una fregoneta de vender melones.

Alcanzaron su cima con un número uno (o lo que fuera) para el recuerdo, la desgarradora “All Or Nothing”, pero ellos querían más, no tenían suficiente con ser famosos, tocar en una de las grandes bandas de soul blanco de la historia, vivir en Londres en 1965-1966 y ser objetivo de groupies (parece mentira, qué gente tan extravagante esta del rock). Empezaron a sospechar que lo de la barra libre en las tiendas y los spaguettis fríos era un timo a gran escala y que era mucho mejor foie de pato acompañado de hongos negros y calentito…además de poder comprarse todo Lord John en Carnaby Street. Don Arden, el malo de la función, y Decca se quedaban, a lo Teddy Bautista, con toda la pasta del asunto sin mover un dedo. Además, los Small Faces habían descubierto la existencia de cinco cuerdas adicionales a la que ya conocían previamente en su guitarra y querían progresar en esto de la música (como Dover y su single “Let Me Out”), pero Decca les restringía su evolución y les quería convertir en los Bisbal y/o Bustamante de los 60. Para ponerle la guinda a la ruptura, Decca editó “My Mind’s Eye” sin consultar con la banda (que la consideraba una demo que todavía debían pulir en el estudio).

Así que rompieron con Decca y se fueron a Inmediate, que era el nuevo sello independiente que había montado Andrew Loog Oldham, el enigmático manager/productor de los Rolling Stones. Su primer single en Inmediate fue la tremenda “I Can’t Make It”, seguida de una declaración de intenciones, “Here Comes The Nice”, acerca de un hombre que les vendía…caramelos…de sabores…y suponía un salto cuántico respecto a anteriores producciones de la banda. El álbum titulado “Small Faces” (1966) les ponía en la órbita de otros grupos que iban evolucionando hacia músicas más satisfactorias artísticamente. El LP contenía temas impactantes como “Have You Ever Seen Me”, introducía ayuda por parte del organista McLagan y su “Up The Wooden Hills Of Bedfordshire” y mostraba una tendencia cada vez más clara hacia la psicodelia británica, “Green Circles”. Esa tendencia a huir del soul más convencional y a acercarse a Beatles, Pink Floyd, Cream y demás calaña que empezaba a reventar el Swingin’ London desde dentro se mostró más clara en el mega-jit “Itchycoo Park”, que utilizaba por vez primera en la música el efecto phasing y que hablaba de patos, escuelas y parques y no sé qué más, todo bajo un ináudito fondo de guitarras acústicas y bajo melódico, en pleno verano del amor (1967).

La fiesta no acabó hay, Marriott y Lane siguieron liándola con temas llenos de garra y de guitarras estridentes como “Tin Soldier”, quizá su cima. En 1968 se subieron al carro de los discos conceptuales (¿mande?) con “Ogden’s Nut Gone Flake”, con una primera cara de canciones al uso y una segunda con una narración intercalada y una supuesta historia que dejaba al bodrio de Tommy de Pete Townsend a la altura del nobel de literatura. Pero qué puñetas, algunas canciones (“Afterglow Of Your Love”)  estaban muy bien, el disco tenía sus momentos, ganó un premio al diseño (la portada era una cajetilla redonda de tabaco de las de antes de que los vendieran ya liados) y nos dejó “Lazy Sunday”, su última gran canción y un acercamiento a la fórmula music-hall de los kinks.

El álbum fue todo un éxito en la Pérfida Albión, pero el grupo estaba ya marcado para el desastre. Steve Marriott les dejó al empezar 1969 y formó Humble Pie con otra estrella del pop, Peter Frampton de The Herd, que también se había cansado de ser una cara bonita en los magazines (sí, el Frampton sudoroso de Frampton Comes Alive). Los demás ficharon a Rod Stewart y a Ron Wood del Jeff Beck Group (vaya par) y formaron The Faces ya para los 70, con una buena dosis del rock de toda la vida. Después pasaron cosas, pero de momento vivimos en la Era Pop.

Damas y señoras, “Hey Girl” en directo para los sempiternos teutones bailongos:

Mr Pharmacist

Viviendo en la Era Pop (Parte 5): The Who

THE WHO (1964-actualidad?)

¡Atención! ¡Aviso! ¡Parental Advisory o como sea! Los siguientes párrafos incluyen material para adultos, con referencias a drogas, a la insufrible pedantería de Pete Townshend y a orgías desenfrenadas. Si eres menor de 4 años centígrados o fan acérrimo de The Who, no sigas leyendo…¡quedáis avisados!

Los Who eran una pequeña banda de Sheperd’s Bush, London, compuesta por tres y el del bombo, literalmente (doble bombo, para ser más exactos). Pete Townshend, el guitarrista, venía de una familia con tradición musical y eso terminó lastrando al grupo, pero era peor lo de Roger Daltrey a la vox. Por suerte, tenían dos tipos que sabían de que iba esto. Keith Moon era un lunático (observad el ingenioso y multilingüe juego de palabras…) que se dedicaba a apalear ancianos indefensos y girl-scouts con un bate hasta que descubrió que podía hacer lo mismo con una batería y además no te detenían por ello. Su ritmo cavernícola supuso toda una revolución en el mundo de este conjunto/set de instrumentos percusivos y creo que es una revolución de la que todavía nadie se ha enterado (lo que la convierte en otra cosa, no en una revolución ¿Os imagináis que hubiera pasado con la revolución francesa si nadie hubiese ido?). John Entwistle, el bajista, tocaba solos con su bajo…recordad que el bajo eléctrico sólo es una guitarra con las cuerdas más gordas, así que ¿por qué no hacerlo? Los tipos del jazz lo llevaban haciendo decádas. Así que, como Pete Townshend se dedicaba bastante a los acordes y no le molaban los punteos, John cogió el testigo. Y él era un mago con el bajo, uno de los mejores de la Historia.

Al principio aquello sonaba a charanga del Tío Honorio, pero pronto llamaron la atención de un par de managers del Soho y reconvirtieron a aquella banda de criminales en un supuesto grupo mod, con sus trajes y sus cortes de pelo al uso. Incluso grabaron un single titulado “I’m The Face” (ver entrada de los Small Faces acerca del termino mod “face”) que piratearon salvajemente a Slim Harpo y su “Got Love If You Want It” (sí, Ramoncín, entonces también existía la piratería). El single no valía para mucho, pero pronto darían el gran salto.

Pete Townshend era un tío obsesionado. Y en aquellas épocas estaba obsesionado con los Kinks de Ray Davies y su “You Really Got Me”, así que les adaptó el riff, le puso una letra en la que expresaba su incompresión acerca de todo lo relacionado con el sexo opuesto (al suyo) y la tituló con el significativo “I Can’t Explain”. No se lo podían explicar, pero vendieron algo por ahí y pronto vendría lo demás.

“My Generation” es un himno y no le déis más vueltas, los tíos decían que no querían envejecer y querían palmar antes de sus primeras entradas y los sobresalientes michelines de después de los 30 (…). Lo que ha pasado después en realidad todos lo sabemos. Fue su single definitivo y un gran éxito. Contenía ya varios elementos clave en la primera época del grupo: Daltrey disimulando su falta de voz con tartamudeos variados (en su momento la explicación fue que hacía mucho frío en el estudio, después alguién ha contado que querían imitar los efectos del speed…quedaos con la que más os guste, yo me quedo con la del frío), la batería masoca e incansable de Moon, los guitarrazos de Townshend y el bajo-guía de Entwistle. Moon y Entwistle eran los jefes del invento musical, aunque el repertorio corriera a cargo de Townshend; eran ellos los que mantenían la compostura mientras Daltrey fingía que cantaba y Pete Townshend quería hacer algo que luego Hendrix hizo mucho mejor. El batería y el bajista eran los cimientos del asunto en aquella época, la base sobre lo que se sostenía lo demás: luego venían Daltrey y Townshend y luego todo su montaje mod-pop-art (¿éso existe?) con banderitas de la Union Jack en amplificadores Vox y destrucción gratuita y obscena de bonitas guitarras rickenbacker, con numeritos varios.

A los Who les gustaba el surf y el blues y tirar televisores por los balcones de los hoteles en los que se hospedaban, pero lo que en verdad les motivaba era el soul, James Brown, la Motown. Su primer repertorio era una mezcla de dadaísmo hecho canción por Townshend y de acertadas versiones souleras, acompañadas de ceños fruncidos, rebeldía adolescente mal entendida y caos sonoro. “The Kids Are Allright”, la única canción en la que Keith moon toca como un batería al uso, fue un acierto, igual que “Anyway, Anyhow, Anywhere” y les situaba a la cabeza del pop británico, por delante de bastante gente (y ya sabéis que por aquella época había bastante gente). Eran el colmo, destrozaban guitarras, amplificadores y baterías, las manos de Townsend hacían molinetes cuando deberían estar en las cuerdas (aunque mejoraba a pasos agigantados en su dominio del instrumento), eran todo entusiasmo. Fueron abandonando la tontería mod y, como casi todos los grupos comentados, fueron mejorando sus prestaciones (que alguién me diga qué significa eso, me lo dijo un vendedor de coches) y avanzando hacia territorio desconocido, como una caravana de carromatos del Oeste estadounidense.

Pete Townshend empezó a idear algunas cosas absurdas ya por entonces. “I’m A Boy”, uno de sus singles acompañados de armonías, era parte de una idea más grande acerca de un futuro ni distópico ni utópico en el que se podía elegir el sexo de los niños y el que tenía que salir niña salía rana o algo así. Así, los Who se iban acercando hacia el fenómeno opera-rock, pop-rock-opera, pop-opera, rock-pop-opera o como gusteís en llamarlo, que tanta fama les daría posteriormente; básicamente se trataba de contar una historia a través de canciones más o menos enlazadas en torno a ella. Luego, con Tommy, redefinirían lo anterior y lo convirtieron en “una historia infumable metida con calzador en canciones producto de reciclajes de ideas anteriores desechadas”, un triunfo artístico del que no adelantaremos más cosas hasta su turno.

De todas formas, Pete, que había mejorado un montón en todo, tenía ojo para las buenas melodías, para los acordes disminuidos y suspendidos y para las letras con gancho, como demostró en “Substitute”, todo un éxito de 1966. Ese mismo año fueron avanzando hacia sonidos más elaborados con “Happy Jack”; según fueron mejorando como instrumentistas y compositores fueron dejando atrás la parafernalia destructiva y haciendo canciones menos urgentes y más tranquilas. El disco que siguió a este éxito, “A Quick One” estaba muy bien. Combinaba los esfuerzos de todos los integrantes del grupo a la hora de escribir canciones (por tema de royalties tuvieron que escribir dos cada uno) y dio una idea de la personalidad de cada uno: el humor malicioso de Entwistle con su “Whiskey Man” y “Boris The Spider”, la locura de Moon y su “Cobwebs And Strange”, el sopor de su cantante Daltrey y su intrascendente “See My Way” y Pete y sus avances con la mini-ópera “A Quick One While He’s Away”. Esta mini-opera contenía ya algunas cosas que luego se verían en Tommy, como un final a recordar, y mejoraba a Tommy en una historia con un mínimo de interés y un poco de humor y de no tomarse demasiado en serio la cosa. Pero sólo eran siete minutos. Lo peor estaba por llegar.

Fueron avanzando en 1967, con esporádicos singles y su LP “Sell Out”, un homenaje al Swingin’ London, con un montón de referencias pop incluidas en breves anuncios publicitarios radiofónicos intercalados entre canción y canción (de productos reales o inventados). La tremenda “Pictures Of Lily” no entró en el disco pero sí “Mary Ann With The Shaky Hand”, que tenía la misma temática (oso piloto a quién la sepa), pero era mejor “Armenia City In The Sky”, con un montón de guitarras grabadas al derecho y regrabadas al revés. Las canciones eran cada vez más sofisticadas, pero mientras Townshend perdía brillo y espontaneidad y en general se mostraba desacertado (salvo la gloriosa “I Can See For Miles”), Entwistle mantenía el barco a flote con grandes aciertos como “Medac” o “Silas Stingy”. En “Sell Out” también incluyeron cosas que luego irían en Tommy, confirmando que Tommy está hecho de retales (final de “Rael”, final de “Glow Girl” en la versión CD). De esa época es también “In The Hall Of The Mountain King”, una adaptación psicodélica de la famosa melodía del Peer Gynt de Grieg que adelantaba cosas que luego harían King Crimson y otros. En 1967 los Who actuaron en Monterey (en EE.UU. no eran tan conocidos) y asombraron a todos los hippies que pasaron por ahí, pero Hendrix les ganó por la mano (actuaba el mismo día) y los Who no acabaron de pasar a la historia por aquello.

En 1968 ocurrió un suceso desgraciado: Pete aprendió a tocar algo el piano y empezó a componer en él. Eso significó menos riffs de su acertada primera época y más acordes estrámboticos y melodías imposibles, que iban dejando en evidencia a Daltrey muy a su pesar (como el “Rael” del Sell Out). Se pasaron todo el año preparando Tommy y editando algunas cosas para seguir en el candelabro (sic) como “Magic Bus” y su ritmo Bo Diddley que aburría a John Entwistle hasta la naúsea. Después llegó Tommy y un giro radical en su carrera.

Reconozco que he escuchado decenas, quizá centenares de veces, Tommy. Reconozco también que nunca he oido el disco entero de “Tommy” ni he visto la película. Reconozco que no sé de que cojones va la historia. Creo que va de un tipo que es ciego, sordo y mudo y que su tío abusa de él y que todo le va mal (como para no ir mal), pero el tío juega al pinball y es el amo y luego recupera todos los sentidos extraviados y ya ve y todo eso y hace un campamento de verano para que todo el mundo sepa jugar al pinball como él, pero no hace más que perrerías a los campistas y lo matan porque es un plasta y se cree Dios. Sé que no es así, pero es la idea que yo he sacado de todo. Alguna tendrá otra y los habrá que tengan varias (esto quiere decir tal. esto cual…), pero más o menos me la soplan porque el disco es el mayor TRUÑO que he oido nunca y la historia es LAMENTABLE y VERGONZOSA, los arreglos son PENOSOS y da risa oirlos y el climax final debería ser el kleenex final porque dan ganas de llorar de rabia cuando lo oyes. Proyectos similares anteriores (el SF Sorrow de los Pretty Things) o posteriores (Arthur de los Kinks) superaron al disco de los Who en bastantes facetas, pero…

…Tommy en directo era otra cosa. Desde los acordes primeros de “Overture” hasta la liturgia del “We’re Not Gonna Take It” final, los cuatro componentes del grupo se las arreglaban para levantar el LP original del fango en el que se encontraba y convertirlo en una de las experiencias más bestiales que ha dado el mundo del rock a la Humanidad (así, con mayúsculas…). Con un bajo, una batería, una Gibson SG y una voz con problemas en los registros más altos hipnotizaban a la audiencia con una hora y cuarto de música que explotaba en el “See Me Feel Me” del final, una de esas experiencias místicas que sobrepasan el mundo del rock y entran de lleno en de los sentimientos. El “Listening To You…” todavía me pone los pelos de la nuca de punta y lo he oído tantaaaaaaas veces. Aquí les tenéis en Woodstock, el sonido no es bueno, pero el “Listening To You…” y su ritmo ascendente sigue siendo una de las más inolvidables experiencias en la vida de una persona, los saltos de Townshend con su mono blanco, la imperturbable presencia de Entwistle, el micrófono al aire y la chaquetilla con flecos de macarra de Daltrey, el torbellino de Moon a la batería…

See Me, Feel Me
Touch Me, Heal Me

Listening To You, I Get the Music
Gazing At You, I Get The Heat
Following You, I Climb The Mountains
I Get Excitement At Your Feet

Right Behind You, I see The Millions
On You, I See The Glory
From You, I Get Opinions
From You, I Get The Story

De las versiones íntegras de Tommy disponibles hoy en día y en formato no pirata, yo me inclinaría por la versión incluida en la edición extendida en CD del “Live At Leeds”, pero el innombrable me dijo que prefería la de “Live At The Isle Of Wight”…a gusto del consumidor, pero si estás interesado en el rock, el Tommy en directo en cualquier versión de la época 1969-1970 es de escucha obligatoria y una muestra de cómo debió haber sido el disco original, si no lo hubieran estropeado con sus trompetas, sus corillos a lo Beach Boys y su sonido flojo y deslavado.

Los Who de 1969-1970 eran una máquina bien engrasada encima del escenario. No sólo eran Tommy, bordaban piezas como “Heaven And Hell” o “Shakin’ All Over” o “Summertime Blues” o mil más con un sonido cercano al hard-rock, pero tremendamente personal y potente y muy lejos de lo que ellos mismos habían estado haciendo tan sólo cuatro años antes. Fueron durante algún tiempo la banda más ruidosa de la tierra (hasta que unos jevis, no recuerdo quienes, decidieron arrebatarles el puesto) y seguramente la mejor banda de rock, por encima de unos Rolling Tostones que ya estaban empezando la cuesta abajo. Nada era comparable a un concierto de los Who en esa época, nada.

Prueba de semejante poder casi celestial era el “Live At Leeds”, potentísimo directo hard-rock que sacaron después de Tommy, para contemporizar mientras Townshend preparaba su nuevo e infumable truño, un proyecto llamado Lighthouse. Pero Lighthouse nunca se llegó a realizar, por problemas personales de Townshend y por varios otros motivos discográficos y de producción. Aún así, algunas de estás canciones salieron a la luz en “Who’s Next”, su siguiente disco de estudio y que contenía canciones compactas y rockeras, sin la pretenciosidad de Tommy, salvo algunos experimentos con el sintetizador Moog y las constantes vitales de un indio gurú de aquellos en “Baba O’Riley”. El disco suponía una mejoría brutal sobre el Tommy de estudio y contenía piezas brillantes e inolvidables como el “Baba O’Riley” mencionado anteriormente o mi favorita “Behind Blue Eyes”, recientemente destrozada por algún grupo emo de esos (no sé muy bien qué es un emo, quizá no lo sean…). También sacaron buenos singles en esta época rockera, como el “Won’t Get Fooled Again”

Después del “Who’s Next” siguieron bastantes cosas: “Quadrophenia”, en 1973 otra opera-rock algo más comprensible que Tommy y que dio lugar a una película lamentable con un joven Sting como jefe mod que trabaja como botones en un hotel para jubilados de Brighton, la muerte de Keith Moon, que llevaba una vida muy mala y que fue el único que siguió la idea esbozada en “My Generation”, la decadencia de Townsend con las drogas y su posterior recuperación, Daltrey reconvertido en McVicar, Entwistle y su bajo, que duraron hasta que el hombre se pasó con la cocaína en la fiesta de inaguración de la gira por EE.UU. y le dio un ataque, con advertencia del bigotudo Sheriff del condado incluida (“una raya a partir de los 50 es mortal”) y muchas cosas más.

Pero ya no vivimos en la era Pop. Los Who.

Viviendo en la Era Pop (Parte 6): Billy Nicholls

BILLY NICHOLLS (1966-1967)

La historia de Billy Nichols tiene más valor por la historia en sí que por el legado musical del mencionado y para que podamos ver, retrospectivamente, cuánto ha cambiado el negocio de la música en estos años (a peor, generalmente). Billy Nicholls no tuvo ningún éxito en el Swingin’ London sesentero, apenas si sacó un single, pero su historia es ejemplar e insufla algo de optimismo en este mundo de gente ambiciosa, de trampas y zancadillas por el poder, de tráfico de influencias.

Billy Nicholls era un tipo como los ha habido mil: clase media, padre músico que inculcó al joven Billy el gusto por la música desde muy joven…Pronto decidió que tenía algo dentro que contar y empezó a componer música. Fue grabando sus canciones en una cinta y, cuando tuvo suficientes, cogió el bus y se fue a visitar a George Harrison (sí, el guitarrista de los Fab Four aquellos, el gangoso).

Volvamos por un momento al año 2007. Supongamos que tocáis la guitarra, el piano o las maracas, que habéis hecho unas canciones y que os gustan a vosotros y a algunos hamijos y que decidís que podría ser interesante dar a conocer esas canciones a un público más amplio. Os cogéis un bus (¿Quién va en bus hoy en día? Como dice Homer Simpson, el autobús es para fracasados) y decides aparecer por casa de The Edge. Para empezar ¿dónde cojones vive The Edge?…supongamos por un momento que lo sabes. Luego tendrás que superar al personal de seguridad, esquivar los mordiscos de los pit-bull y conseguir llamar a la puerta de la casa ¿Te haría caso The Edge? no conozco la respuesta, pero es probable que NO. Y no me parece The Edge una de esas personas poco accesibles. Imaginaos a lumbreras tipo Justin Timberlake o David Bisbal, seguramente azuzarían una vez más a los pit-bull y se cagarían en tu cinta o se la darían de comer al hamster en el mejor de los casos.

Volvamos ahora a 1965-1966, en la máquina del tiempo del Señor Farmaceútico. El joven Billy Nicholls se coge el autobús de dos pisos (DOUBLE DECKER BUS) hasta casa de George Harrison. George en persona le abre la puerta, lo invita a pasar y pone su cinta en el reproductor. Qué tiempos aquellos.

El caso es que Billy Nicholls tenía una hermana que había grabado por encima de las demos del desafortunado Billy sus canciones preferidas de la radio, cosa que no impresionó precisamente a Harrison. Pero Billy se comprometió a mandarle una nueva cinta por correo y George se comprometió a su vez a escucharla y a echarle una mano en sus primeros pasos en el mundillo. Semanas después Harrison había pasado la cinta por las suficientes manos como para que Inmediate, el sello discográfico del enigmático manager de los Rolling Stones, Andrew Loog oldham, le ofreciera un puesto como compositor residente de canciones para los artistas de Inmediate (un fenómeno que ha sobrevivido a nuestros días, un ejemplo es el tipo ese que baila con unos pañuelos e inventa canciones sobre la marcha). Así que el amigo Billy se mudó a una oficina de Inmediate, donde tenía acceso a todo tipo de instrumentos, a horas de estudio ilimitadas y podía trabajar sin presiones de ningún tipo. Así que Billy empezó a grabar algunas canciones y a trastear con sus demos. Poco a poco, se fue esbozando el comienzo de una carrera como artista y empezó a pensar en grabar su propio álbum, en lugar de ver sus canciones grabadas por otros. Para ello contó con la ayuda de varias personas ilustres en esto de la música, siendo los más conocidos Steve Marriott y Ronnie Lane, cabecillas de los Small Faces y por entonces también grabando en Inmediate. Se pensó en el potencial Top 40 de una canción titulada “Would You Believe”, que curiosamente no era de Nicholls, pero entonces entró Andrew Loog Oldham como un elefante en una cacharrería y empezó a orquestar las canciones, un poco a lo Phil spector, otro poco a lo Pet Sounds y las producciones de Brian Wilson y otro poco más a lo Pink Floyd primerizos. El resultado era algo barroco y algo asfixiante, quizá al gusto de la época. .

El disco, a pesar de la producción recargada, es uno de esos grandes artefactos del Swingin’ London que pasaron en su momento desapercibidos (algo así como la Velvet o Gram Parsons), pero que años después han sido reivindicados y ahora ocupan el puesto que se merecen. El disco era un compendio de canciones pop pasadas por la psicodelia londinense de entonces (que, recordad, no tenía nada que ver con la estadounidense. Pensad en Lewis Carroll y no en Jack Kerouac), con ostentosos arreglos de cuerda y de clavicordio, todo tan inglés como el te de media tarde (nunca he sabido si este tea es un mito que nos hemos montado o no). Para llevarlo adelante, contó con la ayuda de varios amigos, entre ellos el mismo Steve Marriott, al que se le puede oir haciendo coros en “Would You Believe” y sobre todo, con su guitarra y su voz en la mejor canción del disco, “Girl From New York”, una canción que escapó al wall of sound Spectoriano que habían perpetrado en Inmediate y que recordaba un poco al estilo de los Small Faces de aquella época, con un riff memorable proporcionado por Marriott. El LP incluía otras perlas como “London Social Degree” (sí, trata sobre el LSD) o el alegre “Daytime Girl” y su coda a capella al estilo Beach Boys. En definitiva, uno de los LPs importantes del Swingin’ London y un testimonio importantísimo de la época. Ineludible su escucha.

El drama de fondo, la tragedia asociada, es que el disco no llegó a editarse. Inmediate entró en problemas económicos y sólo se publicaron 100 copias con fines promocionales enviados a la prensa y algún single de “Would You Believe” que no llegó a cuajar. Por suerte, si bien no perduró en vinilo (bueno, sí perduró, pero a precios astronómicos en UMA), si perduraron las cintas y las canciones perduraron también en la memoria de la gente, que años después rescató aquellas grabaciones y algunas demos más de la época, para nuestro deleite digital y sónico (reunidas ahora con el LP original en la edición deluxe del “Would You believe” ¡no te la pierdas!).

Mientras se resolvía el conflicto con Inmediate, Billy Nicholls siguió repartiendo sus demos por ahí, escribiendo canciones y haciendo coros en el álbum “Ogden’s Nut Gone Flake” de los Small Faces. Pero su suerte estaba echada y pronto acabó todo en Inmediate; Nicholls marcho a EE.UU, a cuidar la casa de Loog Oldham en ese país los meses que estaba vacía. Allí le visitaban luminarias como The Faces y más, pero no acabo de housekeeper el bieno de Nicholls y su trabajo fue viéndose recompensado. Su carrera desde entonces no ha sido manca, aunque se ha centrado sobre todo en escribir canciones de éxito con esporádicas apariciones en discos de los Who (por ejemplo). Pero sí nos ha llegado su historia, la historia de un tipo que se cogió un autobus y se fue a visitar a George Harrison…¿No os apetece coger la guitarra, escribir unos temas y coger el autobus para visitar a Ramoncín o a Teddy Bautista?

Mr Pharmacist

Viviendo en la Era Pop (Parte 7): The Creation

THE CREATION (1965-1968)

Los Creation surgieron a la zaga de grupos como los Who o los Small Faces, ofreciendo similares contenidos, es decir, volumen brutal, canciones eléctricas y electrificantes y colorido pop. Lo suyo fue llamado Pop-Art (¿mande?), el guitarra Eddie Phillips tocaba la guitarra con un arco de violín (Jimmy Page, de dónde sacaste la idea, cuéntanos, venga…tontorrón), embadurnaban de pintura chicas en bikini en los conciertos y, en definitiva, se dedicaban al despiporre y al cachondeo, como todos los que podemos, yo y el de la pandereta. Empezaron como todos, haciendo música convencional y llamándose convencionalmente The Mark Four. Poco a poco fueron depurando su sonido y sacando algunos singles aquí y allá y Eddie Phillips fue dirigiendo los pasos de la formación hacia una música contundente y excitante. Su verdadero cambio lo dieron cuando pasaron a ser producidos por Shel Talmy, un tipo que había trabajado con unos don nadies en esto de la música llamados Kinks y The Who (que coincidieron en mandarle a freir espárragos, tras trabajar con él). Talmy vió el material explosivo que tenían estos chicos entre sus cuerdas y y grabó con ellos el single con el que empezó todo, “Makin’ Time”, que ya contenía todos los elementos de los Creation: el sonido potente de Phillips al riff gallináceo, la actitud de Kenny Pickett, la batería tribal, la parafernalia pop, la púrpura bizantina…Lo mejoraron con su segundo, la tremenda “Painter Man”

…que estaba acompañada en la cara B por “Biff Bang Pow”, un remake memorable del My Generation de los Who, acompañados también por Nicky Hopkins al piano, como en la canción que les servía de modelo. Con el single llegaron al nº 36 y parecía que lo siguiente era el cielo, las chicas, las drogas y la vida intempestiva a lo Bustamante. Pero no. Un día, Kenny Pickett llegó al ensayo y se encontró al bajista Bob Garner cantando y a un tipo al bajo que se habían traído de una banda hermana, los Birds (tendrán ellos también su entrada). Así que el bueno de Kenny pensó que no le querían más (con razón) y dejó el grupo. Garner y Phillips tomaron las riendas creativas, pero el tercer single fue una balada muy floja titulada “If I Stay Too Long”. El single, a pesar de la espléndida cara B (“Nightmares”) se hundió en UK, pero fue todo un éxito en Alemania o en Escandinavia (como el Liverpool de fútbol). Así, The Creation no fueron profetas en su tierra, pero ellos, como Mahoma, querían volver a casa y dejarse de chorradas. Lo que pasa es que Mahoma volvió con ejército detrás y no le tosió nadie; los Creation siguieron siendo cuatro y no muy bien avenidos y no les volvieron a hacer caso en la pérfida Albión (del ahí el añadido de “pérfida”, cómo se atreven a no hacerles caso a The Creation).

Craso error de nuestros amigos insulares, ya que The Creation siguió editando discos perdurables e indelebles, quizá sin la magia de esos dos primeros singles, pero brillantes neverdeles. “Life Is Just Beggining” contenía un preludio de cuerda inolvidable y venía acompañada en la B por otro acierto, “How Does It feel To Feel”, una canción que recientemente (¿1996? ejem) versioneó el grupo Ride. Otra canción que dejó huella en nuestros corazones pero no en nuestros bolsillos (ni en los de The Creation)  fue “For All That I Am” o también la psicodélica “Through My Eyes”, pero también intercalaron bodrios y el grupo, incapaz de conseguir conciertos en UK, fue disgregándose, aunque sacaron un LP para el mercado escandinavo llamado “We Are Paintermen”. Durante un breve espacio de tiempo tocó con ellos otro ex-bird llamado Ron Wood (sí, ese Ron Wood…), pero sólo lograron grabar versiones vergonzosas de “Like A Rolling Stone” y “Hey Joe” y el grupo decayó, quedando en el olvido de la comunidad Borg musical que vivimos ahora, hasta que fueron recuperados por los irredentos del pop sixtie y los amigos del brit-pop.

Mr Pharmacist

Viviendo en la Era Pop (Parte 8): The Beatles

THE BEATLES (1965-1966)

¿The Beatles? Farmaceútico, lo sabemos todo sobre los Beatles. Eran cuatro: John, Paul, el otro y el gracioso que tocaba la batería, y movían las melenas al son de la música mientras decían “yeah, yeah, yeah”. Luego john se casó con una japonesa y todo se fue al carajo, ya no valían para nada y se pelearon. Más tarde, un loco le pegó un tiro a Lennon.

Con bastante de hipérbole, esta es la errónea imagen que mucha gente (aficionada a la música o no) tiene de los Beatles. Los Beatles es un grupo sobrevalorado por muchas personas para las que la música no forma parte esencial de su vida y un grupo tremendamente infravalorado por la gente que “sabe de ésto”. Efectivamente, queda mucho mejor decir que te gustan los Rolling que los Beatles. los Rolling eran unos fuera de la ley, mientras que los Beatles eran niños monos que hacían canciones para sus fans. Tonterías, ganas de notoriedad (no que te gusten más los Rolling, sino aducir las razones anteriores). A otros les gustará más King Crimson, que mola porque no les conoce nadie y quedas de lo más gafapástico cuando lo sueltas. Muy bien, si ése es tu fin en la vida vas por buen camino. Pero no minimicemos el impacto de los Beatles no sólo en la música rock (fijaos que no hablo de pop), sino en la cultura general de la última parte del siglo XX, en muchas cosas que ahora consideramos normales y que antes de 1964 eran impensables. Tampoco los mitifiquemos, no bajaron de una astronave para enseñarnos el camino ni nada por el estilo.

Cuando hablo de los Beatles, no puedo menos que acordarme de la pescadilla que se muerde la cola. No eran buenos instrumentistas inicialmente y quedan bastante lejos de las pirotecnias posteriores de los grupos progresivos o del blues-rock, pero McCartney ha creado escuela con el bajo y a mí personalmente Harrison me parece un guitarrista de lo más efectivo. No cantaban como Otis Redding, pero tenían su aquel (y si no preguntádselo a Liam Gallagher, que ha estado copiando el estilo vocal de Lennon en “Rain” en todos los discos de Oasis). Ellos no inventaron el pelo a lo Beatle, tampoco sus botines ni los trajes, alguién los llevó antes, pero ellos lo popularizaron y lo adoptaron cuando ninguna de sus referencias usaba esa imagen. En fin, un paso adelante y otro hacia atrás en lo que respecta a este grupo, pero si he de inclinarme por algún lado de la balanza, me inclinaré por aquel en el que estos tíos quedan como los amos de esto del rock, con un material a años luz del 99 % de sus competidores. Evidentemente, Iron Maiden no tiene nada que ver musicalmente con ellos, pero incluso iron Maiden tomó conceptos de gente que a su vez había tomado conceptos de gente que a su vez tomó cosas de los Beatles. Y no me refiero a la música; simplemente, cosas que ahora consideramos normales en el mundo del rock, como que el lp no contenga ningún single o que todas las canciones estén compuestas por el grupo, con pleno control sobre todo el desarrollo del disco (portada, producción…)…fueron “inventadas” por los Beatles (dentro del rock, en otras músicas como el jazz esos conceptos ya existían, pero el contacto de los Beatles con el jazz era prácticamente nulo). Ellos fueron los primeros que sacaron un lp sin un single de apoyo y gancho (“With The Beatles”, 1963), ellos se opusieron a grabar las canciones que su productor les daba y presionaron para incluir sus propios temas (“Please, Please, Me”, 1963), ellos sacaron el primer Lp con las letras impresas (“Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, 1967)…todo ello sin tomarse demasiado en serio a sí mismos (que es una de las cosas que más aprecio de ellos). Son conceptos sutiles que han quedado grabados en el rock para siempre. Ahora sigue habiendo grupos de productor, se siguen sacando lps acompañados por un single de éxito…pero ya no es condición sine qua non (sic por adelantado).

¿Todo esto a qué viene? Pues no sé muy bien a qué, pero siempre he reivindicado la etapa finales de 1965-mediados de 1966 como la mejor del cuarteto de Liverpool y también como la más olvidada y abandonada por fans y no fans. Todo el mundo recuerda el “She Loves You” y el “Let It Be”, pero musicalmente son las épocas menos interesantes del grupo que aquí nos ocupa. A finales de 1965 estaban en plena forma y dejaron atrás un legado difícil de superar. Una vez estrenada “Help” en el verano de 1965, los Beatles decidieron dedicar más tiempo a la elaboración del disco siguiente, poniendo más atención a letras e instrumentación. Era una tendencia ya adivinada en canciones más maduras anteriores, como la misma “Help”, o “No Reply” o “You’ve Got To Hide Your Love Away”, pero el paso adelante que dieron en el otoño de 1965 fue considerable. Cansados de giras mastodónticas y de repetir el mismo teatro cada vez que hacían un acto público, se pusieron manos a la obra y cuidaron con mimo su próximo lp navideño, muy influidos ya por gente seria como los Byrds o Bob Dylan y por la marihuana. Las primeras influencias habían sido el rock más primitivo (Elvis, Gene Vincent, Little Richard…) que después sustituyeron por un material más soul como los sonidos Motown. Absorbieron bien esos estilos, dando lugar a algo único, pero con Dylan y los Byrds su música adquirió otra dimensión. Y toda esta evolución eclosionó en diciembre, al publicarse el “Rubber Soul”. Ya desde la portada se anunciaba cambio: no salían uniformados o de traje, no estaban “posando”, llevaban una imagen mucho más agresiva y la foto estaba (accidentalmente) desenfocada (cuando la vieron así, decidieron dejarla como estaba, les gustaba más). La música que contenía el vinilo era bastante más sofisticada que su anterior etapa, con bastante instrumentación añadida (clavicordio, órgano, sitar…todo dirigido por George Martin) y las letras y las melodías eran más imprevisibles y contenían más cosas de las que parecía a simple vista. Destacaba Lennon (con su agridulce relato de una infidelidad, “Norweggian Wood”, una obra maestra, “Nowhere Man”, y una maravilla autobiográfica, “In My Life”), pero McCartney, siempre más melódico, demostraba estar en forma con “I’m Looking Through You” o la vibrante “Drive My Car”. Harrison colaboró también y por primera vez dio la sensación de que sus canciones se habían hecho hueco dentro de la lista final por méritos propios y no por concesiones ajenas, “Think For Yourself”, con su bajo con fuzz, y “If I Needed Someone”, influenciada por el “Bells Of Rhymney” de los Byrds, estaban a la altura de los temas de sus compañeros.

El “Rubber Soul” fue un éxito, como todos sus discos anteriores, y eso les animó a seguir adelante en su trayectoria rompedora y decidieron arriesgar aún más. Su single de abril, “Paperback Writer”, contenía ya unas armonías muy complicadas, imposibles de reproducir en directo, amen de una guitarra distorsionada a través de la consola de mezclas y que fue marca de la casa durante todo el año 66. En la cara B incluían “Rain” que contenía un pasaje grabado de cierta manera y reproducido al revés, debido a una confusión de Lennon, que colocó mál la cinta. Lennon alucinó con el resultado y quería pasar toda la canción al revés, pero al final se quedó en la última estrofa (que no sale en el puto video de youtube). Poco después salió el “Revolver”, con un sonido de guitarra muy duro, sobre todo en las composiciones de Lennon (“She Said, She Said”, “And Your Bird Can Sing”), bien atemperado por un McCartney surrealista y juguetón (“Eleanor Rigby”). Harrison volvió a superarse a sí mismo, con la cortante “Taxman” (con un solo de guitarra electrizante tocado por Paul) y la definitiva inclusión del elemento hindú (“Love You To”) en su gama de sonidos. El último corte del disco fue el más allá, “Tomorrow Never Knows” (en palabras de un amigo mío, la primera canción bakaleta de la hitoria), una melodía basada en un sólo acorde con una pléyade de efectos cósmicos y un solo de guitarra de Harrison que tuvo que tocar al revés para el que al darle la vuelta a la cinta sonara al derecho ¡Freak Out!

Aunque (en mi humilde opinión) el “Revolver” queda por debajo del “Rubber Soul” en calidad de las canciones, fue un nuevo paso adelante, de cara a empresas mucho mayores. Después de un concierto en San Francisco, decidieron dejar atrás las giras y centrarse en el trabajo de estudio durante el otoño (lo que llevó a mucha gente a decir que se habían separado, ya que desaparecieron prácticamente de la vida pública), pero como dijo Ringo, “las oruguitas se convirtieron en mariposas” y en enero de 1967 volvieron a sorprender con el “Strawberry Fields” y “Penny Lane”, que madre mía qué single; grupos consagrados darían lo que fueron por tener una de aquellas canciones en el repertorio. Después asombraron al mundo con el “Sgt Pepper”. pero no a mí, que empiezo a ver un declive ya en ese lp. Los mejores Beatles están en “Rubber Soul” y “Revolver” y aquí dejo testimonio. Que me refute quién pueda.

Mr pHArmacist

Viviendo en la Era Pop (Parte 9): Fairport Convention

Los Fairport comenzaron en Londres en 1967 como la respuesta británica a los Jefferson Airplane, liderados por un tío muy feo llamado Richard Thompson. Al principio fueron cuatro, luego sumaron a la novia de Thompson, Judy Dyble, a la voz y comenzaron a tocar por ahí, extendiendo la palabra de los Byrds entre los herejes de la pérfida Albión. Joe Boyd, un americano que había trabajado con Pink Floyd y con la Incredible String Band (entre otros) se fijó en ellos, los convirtió en sexteto (un nuevo cantante, Ian Matthews, ex-jugador del Scunthorpe United). A pesar de su juventud (menos el bajista, ninguno pasaba de dieciocho años), tocaban bastante bien y tenían ojo para las canciones, descubriendo a gente como Leonard Cohen, Joni Mitchell o Tim Buckley (sí, el padre de…). Su primer disco, homónimo y editado a comienzos de 1968, incluía canciones de esta gente y algunas composiciones propias, todo en un estilo bastante ecléctico y eléctrico. Todo muy inocente, pero una buena muestra de lo que eran capaces este puñado de lobeznos del rock. Destacaba Richard Thompson como guitarrista, aún muy influenciado por los guitarristas de San Francisco (sobre todo por Jorma Kaukonen de los Airplane, ver gaseosa de ácido eléctrico). Sacaron singles como “If I Had A Ribbon Bow” o canciones como “Time Will Show The Wiser”, pero no pasaron de cierto reconocimiento por el underground y vendieron poco, pero lo suficiente para seguir con el rollo.

Los que no siguieron con el rollo fueron Thompson y la Dyble, que dejaron de salir juntos, cosa que fue aprovechada por su productor Joe Boyd, que presionó para que echaran a la cantante e incluyeran como vocalista a una protegida suya, Sandy Denny.

Sandy Denny no sólo trajo al grupo una voz con más carácter que la de Dyble (no era la voz lo único con carácter), sino un buen puñado de canciones y cierto gusto por el material tradicional. Una hermosa composición suya sobre una reina escocesa prisionera o algo así, “Fotheringay”, abrió su segundo disco, “What We Did On Our Holidays”, mucho mejor que el primero y ya con bastante influencia folk, aunque el trabajo seguía incluyendo perlas de acid-rock de aroma byrd (“Tale In Hard Time”), algo de blues (“Mr Lacey”), versiones acertadas de material raro de Dylan (“I’ll Keep It With Mine”) y la obra maestra de Thompson, una maravilla que aún me eriza los pelos de la nuca, “Meet On The Ledge”.

Tras el disco, Denny y Thompson acabaron de un plumazo con el reparto de labores de composición en el grupo. El futbolista dejó el grupo por estar en desacuerdo con el nuevo sonido folk del grupo (para después montar un grupo de…folk) y para el siguiente disco sólo firmaban canciones Denny y Thompson…y un tal Dylan. El disco se llamó Unhalfbricking (1969), en la portada salían los padres de Denny (dato a todas luces irrelevante) y seguía la deriva hacia el folk del grupo, ayudados por un violinista electrificado, Dave Swarbrick, que pronto sería miembro de pleno derecho del grupo. Se incluía más material de Dylan (la tremenda “Percy’s Song), fusiones folk inglés-ragas indios (“A Sailor’s Life”, once minutos y un tema clave en su desarrollo posterior), gemas de Denny (“Who Knows Where The Time Goes”, con ese título no puede ser mala) y Thompson, más flojo que en el disco anterior, pero aún en forma (“Genesis Hall”), además, tuvo algo de repercusión en las listas con el éxito del single “Si Tu Dois Partir” (el “If You Gotta Go, Go Now” de Dylan, que también versionearon los Flying Burrito Brothers). Poco después de editar el LP, se pegaron un piño con la fregoneta de la gira y murieron el batería y la novia de Thompson, lo que marcó un antes y un después en la vida de los Fairport, que tras un período difícil, se replantearon el futuro y decidieron seguir adelante.

Para el siguiente disco, ya en 1970, siguiendo la tradición de los Convention, no mantuvieron la misma formación. Swarbrick entró y se marchó Denny durante la grabación, debido a que quería grabar sus composiciones y el material tradicional no le dejaba sitio para sus temas (formó un grupo llamado Fotheringay con su novio y luego volvió a los Fairport). A pesar de estos cambios, el disco fue todo un éxito y mostró el camino a grupos de folk británico tocado con instrumentos rock (Magna Carta, Steeleye Span…aunque Pentangle y la Incredible son contemporáneos). Contenía temas como “Tam Lin”, tema tradicional (con veintitantas estrofas, sin perdonar ni una de las originales) con una batería que recuerda ligeramente a cosas de hard-rock, y el violín de Swarbrick tomaba más protagonismo. Obra maestra.

“Liege And Lief” no supuso su final, aún quedaban discos como “Full House” (con “Sir Patrick Spens”, del anterior video y con la primera formación completamente masculina de los Fairport) o la ópera-folk sobre un reo a punto de ser ahorcado, “Babacombe Lee”, pero las oruguitas que comenzaron tocando rock en la adolescencia se habían convertido en mariposas folk adultas. Ahora todos los años se reúnen en un festival especial a tocar, con la peculiaridad de que nunca se sabe quién va a ir exactamente ese año (muchas formaciones diferentes, pero también muchos problemas de salud y muchos años a sus espaldas). El que más carrera ha hecho ha sido Richard Thompson, que es una leyenda en la Isla (sí, a pesar de ser tan feo).

Mr pHarmacist

Viviendo en la Era Pop (Parte 10): The Zombies

Los Zombies, el pop; a pesar de su nombre, significaron elegancia y distinción. Sus cinco componentes eran buenos chicos, no se metían en líos ni abusaban de las drogas blandas, sacaban notas excelentes en el colegio y todo padre conservador de la Gran Bretaña de mediados de los 60 los querría como yernos. Pero las buenas calificaciones en el colegio no tienen porque estar reñidas con la calidad de la música y los Zombies fueron un buen ejemplo, rompiendo unos cuantos mitos absurdos del rock. Su contribución al pop-rock es infinita y aún hoy resuenan ecos del “Odessey and Oracle” en muchos grupos.

Se formaron en St Albans y el rock nunca fue el primero de sus intereses. El vocalista, Colin Blunstone, jugaba a rugby y había sido seleccionado por el equipo del condado. Los demás, liderados por el teclista Rod Argent, preferían los estudios; ninguno de ellos pensaba en hacer una carrera de aquello de tocar la guitarra. Un buen día, ficharon a Blunstone y ganaron un torneo de talentos local, que les llevó a fichar por Decca en 1964.

En lugar de andarse por las ramas con comienzos dubitativos, su primer single fue un éxito, compuesto por ellos mismos y una de las canciones por las que se los recuerda, “She’s Not There”.

Batería imposible, voz andrógina, teclados jazzísticos…¿quién puñetas eran estos alienígenas? Bastante más sofisticados que los grupos de “provincias” que por entonces copaban el panorama musical, los Zombies supusieron un soplo de aire fresco en el pop y el merseybeat. Tocaban R&B (“Roadrunner”), pero también se iban al pop (“Nothing’s Changed” y mil más) o se atrevían con clásicos del jazz (“Summertime”) y todo ello sin despeinarse (en el sentido estricto de la palabra). A pesar de su aspecto anodino, no eran para nada convencionales: las canciones las componían el teclista y el bajista, rara vez tocaban solos de guitarra, LLEVABAN GAFAS.

Su legado es inacabable. Les gustaba el pop inmaculado (“Kind Of Girl”, “I Must Move”, “Leave Me Be”, “What More Can I Do”…) y con esas piezas tuvieron un montón de éxitos durante todo el año 1965, sobre todo en EE.UU.; la insistente bossa nova “Tell Her No” fue el mayor:

Sacaron también un LP, “Begin Here”, de exquisitas interpretaciones de la música juvenil de la epoca, con sorpresas mayúsculas como “The Way I Feel Inside”, cantada practicamente a capella por Blunstone, o la imposible “I Don’t Want To Know” o los stacattos de “I Can’t Make Up My Mind”. Un clásico del pop y del beat.

En 1966 perdieron gas. Grupo de singles, apenas sacaron canciones ese año, aunque algunas de las que sacaron, como “Indication” y su explosivo final de inconfundible sabor a curry, eran brillantes. De pronto, desaparecieron del mapa y no se volvió a saber más de ellos por una temporada. Se les acabó el contrato con Decca y decidieron retirarse del mundo de la música, para dedicarse a sus menesteres. Antes, ficharon por CBS y grabaron un disco a modo de despedida, con muy buenas ideas pero con un presupuesto muy bajo. El disco fue rechazado por CBS hasta que Al Kooper, un tipo famoso por tocar el órgano en “Like A Rolling Stone” pero que era un figura por sí solo, escuchó el disco, alucinó con las canciones y pidió a CBS/Columbia que editaran el disco en EE.UU. Y así fue como los Zombies hicieron honor a su nombre: ya disueltos, muerto el grupo por mutuo acuerdo y de manera amigable, tuvieron un último e irónico hit post-mortem, la eterna “Time Of The Season”, profanada en multitud de anuncios de televisión y en fiestas de fin de curso como ésta:

El disco acompañante “Odessey and Oracle” (con una ya legendaria falta ortográfica, Odessey en lugar de Odyssey que se les escapó a nuestros doctos biografiados) estaba a la par del single de éxito, Destacan “Care Of Cell 44” y la etérea “Hung Up On A Dream”, pero el disco en conjunto es una obra maestra, a la altura del pop de los Beach Boys o de los Beatles, una pequeña gema desconocida por el público, y que supuso un broche de oro a la carrera de estos geniecillos del pop: los Zombies.

Mr pHarmacist

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Una respuesta to “Viviendo en la Era Pop”

  1. ニューバランス コラボ noviembre 14, 2013 a 7:07 pm #

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